miércoles, 25 de diciembre de 2019

El Nacimiento del Hijo de Dios | Homilía | San Juan Crisóstomo



Masonería Cristiana
Icono Ortodoxo de la Natividad


«Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. 
Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento» 
(Lc 2,1-7).

«Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2, 6-7); unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo» (CIC, 525).



Homilía acerca de la Natividad de Jesús Cristo 
por San Juan Crisóstomo

Esta Homilía fue predicada el 25 de diciembre de 386 D.C.


Observo un nuevo y admirable misterio! Mis oídos resuenan en torno con las voces de los pastores, que no silban con suaves sonidos, sino que cantan un himno celestial! ¡Cantan los ángeles, tocan los arcángeles, ensalzan los Querubines, glorifican los Serafines; y todos hacen fiesta, cuando miran a Dios en la tierra y al hombre en el cielo! Porque a Aquel que vive en las alturas, por una providencia particular, lo ven ahora acá abajo, y al que estaba acá abajo lo ven allá arriba a causa de la benevolencia de Dios. Hoy Belén es reflejo de los cielos; pero en vez de estrellas tiene ángeles cantores, y ha encerrado en su seno de una manera no limitada en vez del sol al Sol de justicia.


Y en este punto, no te pongas a investigar cómo ha sucedido eso, porque en donde entra la voluntad de Dios ahí cede el orden natural. ¡El quiso, pudo, descendió, redimió! ¡todo obedece a la voluntad de Dios! ¡Hoy El que es, es engendrado; El que es, se hace aquello que no era! Porque siendo Dios se hace hombre, pero sin dejar la divinidad que tenía. No se hace hombre con pérdida de la divinidad, ni tampoco por añadiduras consecutivas se ha hecho de hombre, Dios; sino que existiendo como Verbo y permaneciendo sin cambio en su propia naturaleza a causa de su impasibilidad, se ha hecho carne.

Cuando nació los judíos negaban aquel parto inusitado y los fariseos interpretaban malamente los Libros sagrados y los escribas decían cosas que contradecían a las sagradas Escrituras y a la Ley. Herodes andaba en busca del recién nacido no para honrarlo sino para matarlo. Porque en este día todos miraban las cosas al contrario de lo que eran. Para hablar como el profeta: “¡No se ocultaron las cosas a los hijos de ellos de generación en generación!” Porque vinieron los Reyes y contemplaron al Rey celestial, y vieron que había venido a la tierra sin traer consigo ángeles, ni arcángeles, ni Tronos, ni Dominaciones ni Virtudes ni Potestades; sino que por un camino nuevo y no trillado había nacido de un vientre intacto.

Pero no dejó a los ángeles fuera de su mando, ni perdió su divinidad por el hecho de su encarnación; sino que los Reyes vinieron para adorar al celeste Rey de la gloria; y los soldados para venerar al Príncipe del ejército; y las mujeres vinieron para que quien había nacido de una Virgen les cambiara en alegría sus dolores; y las vírgenes para ver al Hijo de la Virgen, y admirarse de cómo puede ser que el Hacedor de la leche y que hace que las fuentes de los pechos broten espontáneamente sus ríos, reciba de la Virgen aquel alimento propio de infantes; y los infantes para ver al que se hizo infante para obtener perfecta alabanza de la boca de los infantes y que aún están en lactancia; y los niños, al Niño que, por la locura de Herodes, los hizo mártires; y los varones, al que se hizo hombre para curar las enfermedades de los siervos; y los Pastores al buen Pastor que da su vida por sus ovejas; y los sacerdotes al que ha sido hecho Sacerdote según el orden de Melquisedec; y los siervos al que tomó forma de siervo, para adornar nuestra esclavitud con los honores de la libertad; y los pescadores, al que de pescadores hizo cazadores de hombres; y los publícanos al que de entre los publícanos se escoge a un esclarecido Evangelista; las meretrices, al que presenta sus pies a las lágrimas de las meretrices: ¡y para decirlo brevemente, todos los pecadores se acercaron para contemplar al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, y los Magos para su guardia, los pastores para bendecirlo, los publícanos para predicar su Evangelio, las meretrices para ungirlo, la Samaritana por la sed que tenía de la fuente de aguas vivas y la Cananea para demostrarle su firmísima fe!.

Siendo pues así que todos se regocijan, también yo quiero regocijarme y danzar y hacer fiesta. Y danzo ciertamente no pulsando la cítara, ni agitando tirsos ni soplando las flautas, sino portando en mis manos en vez de los instrumentos músicos, los pañales de Cristo. Porque ellos forman mi esperanza y son mi vida y mi salud; ellos son mi flauta, ellos mi cítara. Y por esto, me llego portándolos, a fin de que habiendo obtenido, mediante ellos, la capacidad de hablar, pueda decir con los ángeles ¡Gloria a Dios en lo más alto de los cielos!, y con los pastores: ¡Y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad! Hoy Aquel que es engendrado por el Padre de una manera inefable, nace en favor mío de una manera inexplicable del seno de una Virgen. Allá arriba es engendrado por el Padre en su orden natural antes de todos los siglos en la forma que sabe Aquel que lo engendra; acá en cambio ha nacido de nuevo de una manera preternatural de una Virgen, del modo que sabe la gracia del Espíritu Santo. Aquella su generación celestial es verdadera, y esta otra terrena en modo alguno es falsa. Es verdaderamente Dios engendrado de Dios, y es verdaderamente hombre nacido de la Virgen. Allá arriba es Unigénito, El solo de Uno solo; acá en la tierra es también Unigénito, El solo de sola la Virgen. Porque así como el suponer madre en aquella eterna generación es impío, del mismo modo suponer padre en esta otra terrena es blasfemo.

Engendra el Padre sin flujo de naturaleza, la Virgen da a luz sin corrupción. Porque ni el Padre sufre ese flujo, puesto que engendra como es conveniente que engendre Dios, ni la Virgen, al dar a luz sufrió corrupción, porque lo hizo de una manera espiritual. Por lo cual ni se puede explicar aquella su celestial generación, ni tampoco su venida en estos últimos tiempos permite que se la examine con curiosidad. Yo sé que hoy una Virgen ha dado a luz, yo creo que Dios es engendrado sin tiempo; pero he aprendido a venerar en silencio el modo de esa generación, ni se me ha enseñado que ella haya de ser examinada con curiosidad con el discurso. Porque en Dios no debemos entender al modo de la naturaleza, sino tener fe en el poder de Aquel que produce la operación. Porque, cuando una mujer unida en matrimonio da a luz, ley es eso de la naturaleza; pero que una virgen que no conoce varón quede virgen después del parto, es cosa que excede a la ley natural. Así pues, examínese lo que conforme a la ley natural sucede, pero venérese en silencio lo que está por encima de la naturaleza; y esto, no como cosa que ha de evitarse, sino como cosa inenarrable y digna de que en silencio se la venere.

Pero … ¡dadme licencia de terminar mi discurso en el exordio mismo! Porque como temo entrar en la investigación de estas cosas sublimes, no sé de qué manera o en qué dirección he de llevar el timón de mi nave. ¿Qué diré o qué hablaré? ¡Veo a una madre que ha dado a luz; veo al Hijo nacido de ese parto; pero no veo el cómo de esa generación! Porque, cuando Dios lo quiere, queda vencida la naturaleza, quedan vencidos los límites del orden natural. Puesto que no ha sucedido esto conforme a las leyes de la naturaleza, sino que se ha verificado un milagro por encima de la naturaleza: ¡quedó inactiva la naturaleza y en cambio entró en acción la voluntad de Dios! ¡Oh gracia inefable! ¡El Unigénito que existe antes de todos los siglos, que no puede ser tocado, que es simple e incorpóreo, ha entrado en un cuerpo como el mío, sujeto a la corrupción y a los sentidos!.

Y esto ¿por qué motivo? Para que siendo visto enseñe; y enseñando, nos lleve como de la mano a las cosas que no caen bajo el dominio de los ojos. Puesto que los hombres estiman que los ojos son más fieles que los oídos y por esto dudan de lo que no han visto, se dignó Dios proporcionarnos su aspecto, mediante la vista de nuestros ojos, para que con esto quitáramos toda duda. ¡Y nace de una Virgen ignorante de esas cosas! Porque ni cooperó Ella a llevar adelante la obra ni puso de su parte nada para lo que se hacía; sino que fue, de todo en todo, un simple instrumento del arcano poder. Lo único que Ella sabía era lo que había preguntado al Arcángel Gabriel y de éste había conocido: ¿Cómo puede ser esto, pues no conozco varón? Y aquél le dijo: ¿quieres saber esto? ¡El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te hará sombra!.

Preguntarás cómo es eso de que ya estaba con Ella y luego nace de Ella. Así como el artífice, habiendo encontrado una materia aptísima fabrica de ella un vaso bellísimo, así Dios, habiendo encontrado el santo cuerpo y el alma santa de la Virgen, se construyó de ahí un templo animado y formó de la Virgen un hombre en el modo que Él quiso, y vestido con ese hombre se presentó hoy, sin avergonzarse de la deformidad de la naturaleza. Porque no fue para Él cosa de vergüenza, cargar Él mismo su obra, aparte de que la obra misma queda en gran manera glorificada por el hecho de ser vestimenta de su artífice. Porque, así como en la primera creación no podía suceder que el hombre quedara constituido antes de que el lodo viniera a las manos del Creador, del mismo modo no pudo ser que aquel vaso corruptible se transformara si no se hacía vestido del artífice.

Pero ¿qué diré o qué hablaré? Porque el milagro me suspende de admiración. ¡El anciano de días se ha hecho infante! ¡el que se asienta en un elevado solio y excelso, es colocado en un pesebre! ¡el que es impalpable y simple y no tiene composición y es incorpóreo, es tratado por manos humanas! ¡el que rompe las ataduras de los pecados, es por voluntad suya atado con pañales! ¡Porque ha determinado cambiar la ignominia en honor, y revestir de gloria la infamia y lo que era reinado de la afrenta mostrarlo ahora como reinado de la virtud!.

Para esto toma mi cuerpo, para que yo me haga capaz de su Verbo; habiendo tomado mi carne me ha entregado su Espíritu con el objeto de que, habiéndomelo Él dado y habiéndolo yo tomado, me adquiera un tesoro de vida eterna. Toma mi carne para santificarme y me da su Espíritu para salvarme. Pero ¿qué diré o qué hablaré?: ¡He aquí que concebirá una virgen! Y ahora eso ya no se dice como de futuro, sino que se ve como cosa sucedida. Y por cierto, se ha verificado entre los judíos, entre los cuales eso se decía; pero es creído por nosotros entre quienes ni siquiera se nombraba. ¡He aquí que concebirá una Virgen! La sinagoga posee la letra, pero la Iglesia posee la realidad. Aquélla encontró los escritos, ésta la preciosa margarita. Aquélla tiñó la lana, ésta se vistió la vestidura de púrpura. Porque Judea  dio a luz, pero fue el orbe de la tierra el que lo recibió. La sinagoga lo alimentó y lo educó, pero la Iglesia lo retuvo y se aprovechó de El. En aquélla estuvo el sarmiento de la vid, pero en mí está el racimo de la verdad. Aquélla hizo la vendimia del racimo, pero fueron los gentiles los que bebieron la mística bebida. Aquélla sembró en Judea el grano de trigo, pero los gentiles con la hoz de la fe cosecharon la mies.

Cogieron los gentiles piadosamente la rosa, y quedó allá con los judíos la espina de la incredulidad. Voló el polluelo del ave, y ellos permanecen neciamente sentados en el nido. Los judíos interpretan las hojas de la Escritura, pero los gentiles cosechan el fruto del Espíritu. ¡He aquí que una Virgen concebirá en su vientre! ¡Dime, oh judío! ¡dime! ¿a quién dio a luz? ¡Atrévete conmigo como te atreviste con Herodes! ¡Pero no te atreves, y yo conozco el motivo! ¡Es por causa de las asechanzas que le tiendes! Porque con Herodes te atreviste, para que él lo matara, conmigo no te atreves para que yo no lo adore. Pero, en fin, ¿a quién dio a luz? ¿a quién? ¡Al Señor de la naturaleza! Porque, aunque tú calles, da gritos la naturaleza; puesto que dio Ella a luz en la forma en que quiso ser dado a luz el que fue dado a luz. ¡Ese modo no lo permitía la naturaleza! Pero El, como Señor de la naturaleza, introdujo un modo de nacer que demostrara que al hacerse hombre nacía con un parto no de hombre sino que nacía como Dios.

Nació, pues, el día de hoy de una Virgen que venció a la naturaleza y superó las nupcias. Porque convenía al Dispensador de la santidad venir a luz mediante un parto lleno de pureza y de santidad. Porque es Él quien en otro tiempo, de una tierra virgen formó a Adán; y de Adán, sin intervención de mujer, formó a la mujer. Y así como Adán sin mujer produjo a la mujer, así hoy dio a luz a un hombre una Virgen sin concurso de hombre. Porque un hombre es, dice la Escritura; y ¿quién lo conocerá? El linaje de las mujeres tenía una deuda con los hombres, ya que Adán había producido a la mujer sin el concurso de mujer; por eso hoy una Virgen dio a luz sin concurso de varón, y pagó, por Eva, la deuda al varón. Para que Adán no entrara en soberbia por haber producido a la mujer sin concurso de mujer, la mujer sin concurso de varón dio a luz a un varón para manifestar, por la comunidad del milagro, la igualdad de naturaleza con el varón.

Del mismo modo que Dios tomó del costado de Adán una costilla y no disminuyó con eso en nada a Adán, del mismo modo fabricó de la Virgen un templo animado, pero en nada lesionó su virginidad. Adán permaneció incólume y salvo aun después de la privación de la costilla, y la Virgen permaneció intacta aun después de que de Ella nació el Niño. Y no se fabricó su templo de otra materia, ni se revistió de otro cuerpo ya formado, para no parecer que hacía injuria a la masa de Adán. El hombre, engañado, se había hecho instrumento del demonio; por esto, al mismo que había sido engañado, lo toma como templo animado, a fin de apartarlo, mediante esta unión con su Creador, de la familiar amistad con el demonio.

Pero, cuando se hace hombre no es dado a luz como hombre, sino que nace como Dios. Porque si hubiera nacido de un matrimonio ordinario, como yo, el vulgo lo hubiera estimado como engaño. Ahora, en cambio, para esto nace de una Virgen y para esto mantiene al nacer intacto el vientre y guarda sin mancha aquella virginidad, para que ese modo desusado de dar a Iuz, sea para mí un grande argumento de fe. De manera que, ya sea judío o gentil quien me interrogue si acaso Cristo, siendo según su naturaleza Dios se ha hecho hombre fuera del orden natural, le diré que así es; y le pondré como testigo el inviolado sello de la virginidad. Puesto que quien así vence al orden natural, es Dios; quien ha tenido un modo de nacer inmaculado, y se ha construido un templo del modo que ha querido, ese es el Autor del vientre y el inventor de la virginidad.

¡Dime, pues, oh judío! ¿Una Virgen dio a luz o no? Si dio a luz debes confesar que es un parto desusado. Y si no fue así, entonces ¿por qué engañaste a Herodes? Pues tú mismo, a él, que te preguntaba en dónde nacería Cristo, le dijiste que en Belén de Judá! ¿Conocía acaso yo ese sitio y ese pueblo? ¿tenía yo conocida la dignidad de ese que había nacido? ¿No fue Isaías quien hizo mención de Él como Dios?: Porque dará a luz a un hijo, dice, y su nombre lo llamarán Emmanuel ¿Acaso, oh malvados enemigos, no introdujisteis vosotros la verdad? ¿Acaso no nos enseñasteis vosotros mismos, escribas y fariseos, tan diligentes custodios de la Ley, todas las cosas acerca de Él? ¿Acaso nosotros penetramos a fondo la lengua hebrea? ¿No sois vosotros los que habéis interpretado las Escrituras? ¿Acaso no vosotros, después de dar a luz la Virgen y antes de que diera a luz (para que no parezca que ese sitio de la Sagrada Escritura se quiere interpretar en favor del Señor), preguntados por Herodes, le pusisteis como testigo al profeta Miqueas en confirmación de vuestras aserciones? Porque él dice: Y tú, Belén de Efrata, no eres la más pequeña entre las tribus de Judá, porque de ti saldrá el Jefe que regirá a mi pueblo de lsrael.

Rectamente dijo el profeta de ti; porque de entre vosotros salió y vino al orbe de toda la tierra. Porque el que ya existe, ese avanza; pero el que no existe, se fabrica o se crea. Mas Él ya existía y anteriormente existía y desde siempre existía. Sólo que existía desde siempre en cuanto Dios y así gobernaba al mundo; pero ahora avanzó para gobernar a su pueblo como Hombre y para salvar al universo como Dios. ¡Oh magníficos y utilísimos enemigos! ¡Oh modestos y mansos acusadores que sin darse cuenta indicaron que había nacido Dios en Belén! ¡ellos dieron a conocer al Señor que se ocultaba en un pesebre! ¡manifestaron contra su voluntad al que yacía en una cueva, y sin quererlo se convirtieron en bienhechores nuestros, al revelarlo espontáneamente cuando se empeñaban en ocultarlo!.

¿Observas a estos maestros imperitos? ¡Enseñan lo que ellos no saben! ¡consumidos de hambre andan alimentando! ¡sedientos, dan de beber! ¡oprimidos por la escasez, andan enriqueciendo! ¡Ea, pues! ¡venid! ¡celebremos fiestas! ¡venid! ¡celebremos esta solemnidad! ¡El modo de la festividad es desusado, precisamente porque es increíble el mensaje de la Natividad! ¡Hoy se ha roto el antiguo vínculo, y el diablo ha sido confundido y los demonios han huido y la muerte ha sido destruida y el paraíso ha sido reabierto, la maldición se ha borrado, y el “An ha sido quitado de en medio y el error despedido y la verdad ha vuelto y la palabra de la piedad se ha esparcido por todas partes y ha corrido por el orbe y la conversación de los Celes se ha trasplantado a la tierra: ¡los ángeles hablan con los hombres y los hombres traban coloquios con los ángeles! y esto ¿por qué? ¡Porque ha venido Dios a la tierra y el hombre ha subido a los cielos, y todas las cosas se han entremezclado! ¡Él bajó a la tierra siendo así que está todo en los cielos,-y estando todo en los cielos también está todo en la tierra! Siendo Dios se ha hecho hombre sin negar su divinidad. Siendo el Verbo impasible, se ha hecho carne, y se ha hecho carne para habitar entre nosotros. Porque en cuanto Dios ya existía y no se ha hecho. Se ha hecho hombre a fin de que a Aquel a quien los cielos no podían encerrar, hoy un pesebre lo recibiera. Y se le pone en un pesebre para que Aquel por quien todos los seres son alimentados, reciba de la Virgen el alimento propio de los niños. Por esto el Padre del siglo futuro, en forma de un infante que pende de los pechos virgíneos no rehusa los brazos de la Virgen, con el objeto de hacer más fácil el acceso a Él.

Hoy vinieron los Magos y dieron principio a desobedecer al tirano, y el cielo se cubre de gloria porque con su estrella indica al Señor; y asentado sobre la leve nube de su cuerpo, el Señor avanza hacia Egipto; y al parecer huye de las asechanzas de Herodes, pero en la realidad va a cumplir lo que había profetizado Isaías: Y será, dice, en aquel día Israel tercero con los asirios y egipcios, como bendición en medio de la tierra: bendición del Señor Sabaoth que dice-, ¡bendito mi pueblo de Egipto y el de Asiría y el de Israel! ¿Qué respondes, oh judío? ¡Tú que eras el primero has quedado el tercero! ¿Los egipcios y los asirios te han sido antepuestos, y el primogénito Israel ha venido a ser postrero? ¡Así es! ¡Con razón los asirios serán los primeros, puesto que ellos los primeros lo adoraron mediante los Magos! Y luego de los asirios, en pos los egipcios puesto que lo recibieron cuando huía de las asechanzas de Herodes. Y en último lugar se cuenta a Israel, porque hasta después que subió del Jordán lo reconocieron a través de los apóstoles.

Y entró en Egipto e hizo caer los ídolos, obra de los egipcios. Y esto no de cualquier manera, sino después de que había cerrado los vestíbulos de Egipto con la muerte de sus primogénitos. Y por eso hoy entra como primogénito para deshacer el lloro de la antigua tristeza. Y que Cristo sea llamado primogénito, hoy lo atestigua el Evangelista Lucas cuando dice: Y dio a luz a su hijo primogénito y lo envolvió en pañales y lo reclinó en el pesebre, porque no había sitio para ellos en el mesón.  Entró, pues, en Egipto para deshacer el lloro de la antigua tristeza, y en vez de plagas llevó gozos, y en vez de oscuridades y noche les dio luz de salud. Antiguamente se contaminó el agua del río con la muerte de los niños en edad prematura; y entró ahora en Egipto aquel que había vuelto roja el agua, y dio a las corrientes del río la virtud de engendrar la salud y limpió con la virtud del Espíritu Santo las impurezas y horruras de ellas.

Sufrieron aflicción entonces los egipcios arrebatados de furor y negaron a Dios. Ahora entró El en Egipto y llenó con el conocimiento de Dios las almas religiosas, e hizo que el río alimentara mártires más fecundos que las espigas.

Pero, a causa de las estrecheces del tiempo, determino poner fin aquí a mi discurso, y reservaros para el día siguiente lo que de la materia nos queda. Voy, pues, a terminar en cuanto os explique de qué manera el Verbo, siendo impasible, se hizo carne quedando sin cambio alguno en su naturaleza. ¿Qué diré o qué hablaré? ¡Veo al artesano y el pesebre y al Infante y los pañales y la cuna y el parto de la Virgen, privada de las cosas en esos casos necesarias; y todo reducido a la escasez y lleno de pobreza! ¿Cómo siendo Él rico se ha hecho pobre por nosotros? ¿Cómo es que no tuvo lecho ni colchas, sino que fue arrojado en un desnudo pesebre? ¡Oh pobreza, fuente de las riquezas! ¡Oh infinitas riquezas que llevan las apariencias de pobreza! ¡Yace en el pesebre y sacude al orbe de la tierra! ¡Está envuelto entre pañales propios de la cuna, y rompe las ataduras del pecado! ¡Aún no pronuncia voces articuladas, y enseña a los Magos, y los mueve a conversión!.

¿Qué diré o qué hablaré? ¡He aquí que como infante es envuelto en pañales y yace en el pesebre! ¡Presente está María, Virgen y Madre! ¡Presente está José, quien recibe el nombre de Padre! ¡A éste le llaman Esposo; a Ella, Esposa! ¡Legítimos son los nombres, pero destituidos de cópula! ¡Entiéndelos cuanto al sonido de las palabras, pero no cuanto a los hechos! ¡Aquél únicamente celebró el matrimonio, pero fue el Espíritu Santo el que hizo sombra en Ella! ¡Por esto José, envuelto en dudas, no sabía qué pensar del infante! ¡No se atrevía a decirlo originado de adulterio; no podía decir alguna palabra indecorosa de la Virgen; se negaba a llamarlo su hijo, porque sabía muy bien que le era desconocido el modo y de dónde aquel infante había sido engendrado! Y por esto, a él, que dudaba, le vino del cielo, por boca de ángeles, un oráculo: “¡No temas, José! ¡porque lo que de Ella ha sido engendrado, del Espíritu Santo es!” Porque el Espíritu Santo la cubrió con su sombra.

Mas ¿por qué nace de una Virgen, y por qué le conserva intacta su virginidad? Porque en otro tiempo el demonio engañó a Eva aún virgen, por eso ahora, a María, que era Virgen, trajo Gabriel la feliz noticia. Eva engañada dio a luz una palabra por la que entró la muerte en el mundo; y María, aceptando aquella feliz noticia, engendró al Verbo en carne que nos proporciona la vida. La palabra de Eva indicó el árbol por el cual echó a Adán del paraíso; en cambio el Verbo que procedió de María, señaló la cruz por la que introdujo al paraíso al ladrón en vez de Adán.

Y porque ni los judíos ni los gentiles ni los herejes habían de creer que Dios engendraba sin pasiones ni flujo de la naturaleza, por eso hoy, naciendo Él de un cuerpo pasible, conservó impasible ese cuerpo que era pasible, para manifestar que así como al nacer de la Virgen no destruyó la virginidad, así sin que su sagrada substancia se cambie ni se derive, engendra como Dios que es y del modo que a Él le conviene, a Dios. Porque, después que los hombres, tras de haber abandonado a Dios, esculpieron para su uso estatuas dotadas de figura humana, a las cuales, con injuria del Criador daban culto, el Verbo de Dios, siendo Dios, apareció hoy en forma de hombre, para acabar con esa mentira y pasar a sí mismo todo ese culto de una manera suave y oculta.

A este, pues, que de tal manera hizo posibles las cosas imposibles, a este Cristo y Señor, démosle la gloria, juntamente con el Padre y el Espíritu santo, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.


Masonería Cristiana
Mosaico de San Juan Crisóstomo
en Santa Sofía (Constantinopla)





martes, 17 de diciembre de 2019

La Navidad según San Agustín | Extractos de sus sermones | Poema El Niño de Belén - Por el Q .·. H .·. AEGM | Mensaje de Navidad



Masonería Cristiana


«Mirad hecho hombre al Creador del hombre para que mamase leche el que gobierna el mundo sideral, para que tuviese hambre el pan, para que tuviera sed la fuente, y durmiese la luz, y el camino se fatigase en el viaje, y la Verdad fuese acusada por falsos testigos, y el juez de vivos y muertos fuera juzgado por juez mortal, y la justicia, condenada por los injustos. y la disciplina fuera azotada con látigos, y el racimo de uvas fuera coronado de espinas, y el cimiento, colgado en el madero; la virtud se enflaqueciera, la salud fuera herida, y muriese la misma vida» 

Sermón 191,1: PL 38,1010


«Jesús yace en el pesebre, pero lleva las riendas del gobierno del mundo; toma el pecho, y alimenta a los ángeles; está envuelto en pañales, y nos viste a nosotros de inmortalidad; está mamando, y lo adoran; no halló lugar en la posada, y Él fabrica templos suyos en los corazones de los creyentes. Para que se hiciera fuerte la debilidad, se hizo débil la fortaleza… Así encendemos nuestra caridad para que lleguemos a su eternidad». 

Sermón 190,4: PL 38,1009



«Es la misma humildad la que da en rostro a los paganos. Por eso nos insultan y dicen: ¿Qué Dios es ése que adoráis vosotros, un Dios que ha nacido? ¿Qué Dios adoráis vosotros, un Dios que ha sido crucificado? La humildad de Cristo desagrada a los soberbios; pero si a ti, cristiano, te agrada, imítala; si le imitas, no trabajarás, porque Él dijo: Venid a mí todos los que estáis cargados». 

Enarrat. in ps. 93,15: PL 37,1204

La doctrina de la humildad es la gran lección del misterio de Belén: «Considera, hombre, lo que Dios se hizo por ti; reconoce la doctrina de tan grande humildad aun en un niño que no habla».

Sermón 188, 3: PL 38,1004

«Salten de júbilo los hombres, salten de júbilo las mujeres; Cristo nació varón y nació de mujer, y ambos sexos son honrados en Él. Retozad de placer, niños santos, que elegisteis principalmente a Cristo para imitarle en el camino de la pureza; brincad de alegría, vírgenes santas; la Virgen ha dado a luz para vosotras para desposaros con Él sin corrupción. Dad muestras de júbilo, justos, porque es el natalicio del Justificador. Haced fiestas vosotros los débiles y enfermos, porque es el nacimiento del Salvador. Alegraos, cautivos; ha nacido vuestro redentor. Alborozaos, siervos, porque ha nacido el Señor. Alegraos, libres, porque es el nacimiento del Libertador. Alégrense los cristianos, porque ha nacido Cristo» 

Sermón 184,2: PL 38,996

Aunque el nombre de Epifanía se reserva hoy para la festividad de los Magos, en un principio comprendía las dos fiestas del nacimiento y de la adoración de los Magos, porque los «dos días pertenecen a la manifestación de Cristo» (Sermón 204,1: PL 38,1037). Primero se manifestó visiblemente en su carne a los judíos, y luego a los gentiles, representados por los Magos del Oriente. Desde entonces, el recién nacido comenzó a ser piedra angular de la profecía donde se juntaban las dos paredes, los judíos y los gentiles.

 «¿Quién es este Rey tan pequeño y tan grande, que no ha abierto aún la boca en la tierra, y está ya proclamando edictos en el cielo?» (Sermo 199,2: PL 38,1027). El misterio del Niño Dios se enriquecía de nuevas luces: «Yacía en el pesebre, y atraía a los Magos del Oriente; se ocultaba en un establo, y era dado a conocer en el cielo, paraque por medio de él fuera manifestado en el establo, y así este día se llamase Epifanía, que quiere decir manifestación; con lo que recomienda su grandeza y su humildad, para que quien era indicado con claras señales en el cielo abierto, fuese buscado y hallado en la angostura del establo, y el impotente de miembros infantiles, envuelto en pañales infantiles, fuera adorado por los Magos, temido por los malos» 

Sermón 220,1: PL 38,1029



Poema El Niño de Belén


"He aquí una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que interpretado es: Dios con nosotros."

Mateo 1:23


Quiso el Celestial Padre
que una Virgen Madre
fuera el regazo de su hijo amado,
el niño por todos esperado.

Sería el bien más preciado
para redimir todo pecado,
dispuso el padre su  divina voluntad
para que el niño naciera
y su amor resplandeciera
en toda la humanidad.


Vino este niño al mundo
con el pan de vida eterna
para iluminar toda oscuridad,
para rebozar con humildad
a los que en  él  creyeran.


Este niño amado
sería la luz del mundo,
la puerta de los hombres
y la verdad en sus corazones.


El divino padre dotó al niño
de dos trajes de luz
que a todos vislumbró,
uno de  divina naturaleza
y otro de  humana belleza.


Dispuso también el Divino Padre
cuando el niño naciera,
en el cálido portal aquel
fuera llamado por todos: 
Emmanuel,
"Dios está con nosotros"

Autor: Q .·. H .·. AEGM 

Mensaje de Navidad

13 Y de repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios y diciendo: 14 Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de buena voluntad. 15 Y aconteció que cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos, pues, hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha dado a saber.…

Lucas 2:13-14-15

Desde el Triángulo Masónico Rectificado "Jerusalén Celeste N°13", elevamos plegarias al Creador y expresamos nuestros mas sinceros deseos de Paz y Amor, para que el mensaje de Nuestro Niño Dios sea el vinculo de unión entre todo el genero humano.

Os deseamos una Feliz Navidad a todos los QQ .·. HH .·.  de este y otros Or .·.  , a nuestros lectores, así como a vuestras respetables familias y amigos.


Feliz Navidad os desean
los 
QQ .·. HH .·.  De

Masonería Cristiana
Sello del TMRJC13





domingo, 15 de diciembre de 2019

Navidad: Silencio Elocuente | Gran Priorato De Hispania | GPDH




Masonería Cristiana
Fuente
Gran Capellanía
de la Orden


«Considera, hombre, lo que Dios se hizo por ti; reconoce la doctrina de tan grande humildad aun en un niño que no habla»

(San Agustín, Sermón 188, 3: PL 38,1004).


Queridos Hermanos:


La Navidad es el misterio del gran silencio de Dios. El Padre pronuncia una sola Palabra, su Verbo. “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Jn 1, 1-18). Un Verbo que se hace silencio en la humildad del pesebre; en un Niño que gime pero que no habla, y sin embargo allí se encuentra la “Sophia” elocuente del Eterno. Sin palabras “Todo” se nos dice.

 Cuando un silencio apacible envolvía todas las cosas … tu Palabra omnipotente se lanzó desde el cielo” (Sab 18,14-15). Es necesario callar para escuchar, como al inicio de un concierto. Al inicio de nuestro camino iniciático se nos recomendaba el silencio como virtud, porque el discípulo tiene que escuchar al maestro. ¡El mundo de hoy es tan ruidoso! Los hombres tienen embotados sus sentidos por tantas voces discordantes que no pueden oír y distinguir la voz de Aquel que los llama desde el silencio. En el silencio del corazón, en esa cámara secreta dónde habita el “Maestro Interior”, es dónde se encuentra la “Palabra Perdida”.


Retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto” (Mt 6,6). La habitación es el alma, pero también el templo, dicen los Santos Padres. ¿Qué secreto puede ser mantenido sin silencio? Es en el secreto de la conciencia dónde se puede oír la voz de Dios, es en la noche silenciosa dónde Dios habla a Samuel. Hace falta silencio para que Dios pueda hablar y nosotros escucharle. San Ignacio de Antioquía dice que al Señor se le conoce en su silencio.


El Verbo se hace carne y lo contemplamos niño: “infans», en latín, lo que significa literalmente “que no habla». La Palabra no sabe hablar. El silencio de Dios invita a la contemplación, a la admiración, a la adoración. El Verbo se ha abreviado, dicen los Padres de la Iglesia: el Hijo de Dios se ha hecho pequeño para que la Palabra esté a nuestro alcance, signo silencioso y tierno que pide amor. “Cuando un sereno silencio lo envolvía todo y la noche estaba a la mitad de su curso», reza el libro de la Sabiduría, bajó a la tierra “desde el Cielo tu omnipotente Palabra» (Sb 18, 14-15).


Queridos Hermanos, el silencio custodia siempre el misterio, también nuestro misterio del encuentro con el Señor. El silencio es precisamente la nube que cubre el misterio de su santa presencia en nosotros. Hagamos silencio, enmudezcamos ante tan gran misterio, para que esta Navidad la Palabra hecha carne resuene con fuerza inusitada en nuestros corazones.


Desde esta Gran Capellanía os queremos desear a todos vosotros y a vuestras familias, una Feliz Navidad y un Nuevo Año 2020 lleno de paz y de bendición.



Masonería Cristiana
Fuente
GPDH

domingo, 8 de diciembre de 2019

Decreto DN 2019/1 | Creación del Triángulo Masónico Rectificado Jerusalén Celeste N°13

Masonería Cristiana
Creación del Triángulo Masónico Rectificado Jerusalén Celeste N°13
Valles de Caracas  -  Or .·. de Venezuela
Adscrita a la R .·. L .·. Cruz del Sur N°7
 Valles de Buenos Aires - Argentina

San Andrés 2019 | Un Muro Infranqueable Contra El Vicio. | Ferran Juste Delgado G.C.C.S. | Gran Maestro | Gran Prior

Ferran Juste Delgado G.C.C.S.
Gran Maestro | Gran Prior | G.P.D.H.

Mis Muy Queridos Hermanos:

Vivimos en unos momentos históricos de incerteza y tribulación manifiestos. Los dramáticos acontecimientos que se están viviendo en diversos países integrantes de este Gran Priorato producen una profunda inquietud y no pueden dejar indiferente a nadie que a sí mismo se considere cristiano.

La desconexión interesada e irresponsable entre gobernantes y los pueblos y ciudadanos a los que se deben.

Las situaciones de injusta presión socio económica a las que se somete a la ciudadanía por la ambición desmedida de grupos de poder absolutamente materialistas y deshumanizados, que provocan, promueven y acentúan la precariedad y la miseria en su propio beneficio, así como la reducción de los seres humanos a la condición de objeto de negocio.

El salvajismo descristianizador al tiempo que abiertamente anticristiano instrumentalizado, además, por mentalidades criminales y demagógicas que fanatizan a la gente en los aspectos más bajos de la naturaleza humana.

La violencia brutal impropia de esta época y ejercida gratuitamente y sin miramiento alguno hacia la dignidad humana…

Estos son algunos elementos integrantes de un caldo de cultivo explosivo que implica una total degradación de la dignidad de las personas a las cuales, ¿para qué respetar, si lo que importa es el dinero y el poder? Una antítesis muy siniestramente eficaz del mensaje de Cristo que, si en algo hace pensar, es en un retorno de Satanás, si es que alguna vez se había ido.

En verdad, el culto al becerro de oro que nos explica el libro del Génesis se hace presente en nuestros días, implementado por el Mal con una fuerza y un vigor dignos de mucha mejor causa.

Porque, desengañémonos, Hermanos. Todos nosotros sabemos sobradamente que está bien y que está mal. Sin que las explicaciones oficiales, versiones acomodaticias, noticias sensacionalistas y otras “fakes” interesadas o manipuladoras nos puedan mover ni un ápice de nuestra convicción y de nuestro compromiso sagrado. Por nuestra condición de Cristianos Masones, y, algunos, de Caballeros, tenemos conocimiento y bonhomía suficientes como para distinguirlos. Como sabemos sobradamente qué son las excusas.

En todas sus formas.

Y no. No nos sirve ninguna. Porque no sirve ninguna.

Y no nos dejaremos engañar.

Mal iríamos si quienes nos proclamamos soldados de Cristo no distinguimos al Redentor de Satanás.

Y sí. Nosotros los distinguimos.

Faltaría más.

Porque nosotros, los masones cristianos, los masones rectificados, somos hombres comprometidos y consagrados y tenemos en los Evangelios de Cristo el baluarte de nuestra esperanza.

Ciertamente, la Esperanza es una de las tres Virtudes Teologales y debería (y debe) inspirar siempre, como cristianos, nuestro día a día masón y profano.

Soy de la opinión de que la desesperanza, la desesperación, además de una obvia desconexión con Dios, es una actitud egoísta que intenta dejar en manos de los demás la responsabilidad del ánimo colectivo. Una forma de vampirismo anímico, un agujero negro de la moral, ya que simplemente y digámoslo claro, la desesperación tan solo es el entusiasmo de los pesimistas.

Pero ahí estamos nosotros: frente a un mundo superficial y vacuo, materialista, deshumanizado, descristianizado, egoísta. Y profundamente desesperanzado. Porque está debilitado en su sentido de la trascendencia. Y ha sido debilitado por el maligno y sus servidores mediante la seducción del vicio.

Sí; creo que el mundo está profundamente viciado.

Pero nosotros reivindicamos en nuestra plegaria nuestra aspiración, con la ayuda del Altísimo, de constituirnos en “un muro infranqueable contra el vicio”. Es nuestra Esperanza.

Digámoslo con alegría, moderada tal vez, pero alegría. Pues me parece que, humildemente, podemos hacerlo: tras revestirnos de esta forma de elegancia moral, ¿podríamos aspirar a un ideal más digno y más noble? ¿No es tal vez, este deseo, una forma magnífica de honra del alma?

Porque, la palabra “vicio” tal vez está popularmente asociada a la idea de los vicios más materiales y/o carnales que todos tenemos en mente, pero en realidad creo que, semánticamente, el término es mucho más amplio.

“Vitium”, en latín, significa “falta”, carencia. Y me parece que es lógico entender que ésta es la oferta que nos propone siempre el anticristo, cuando el mismo se presenta como “el que niega”.

El que niega solo nos puede proponer carencias. Impulsos suicidas de separación con Dios, de saltar al vacío: tentaciones. Y lo hace en terreno abonado.

Nuestra naturaleza humana, débil y caída de origen, seguramente es presa fácil para la tentación.

Por ello, según he leído y me he informado para poder escribir estas líneas, San Gregorio Magno, Papa y Padre de la Iglesia Latina de los siglos VI y VII, cuantificó las principales vías de la tentación con las que el Maligno intenta apartarnos de Dios. Y son las vías principales, porque todas las demás dimanan de éstas. Por ello, porque son los pecados principales de los que dimanan todos los demás, les llamamos “pecados capitales”.

Sí, ya sabemos que son siete (aunque parece ser que antes de que San Gregorio los cuantificase, había opiniones diversas) y todos los aprendimos de pequeños: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.

Pero más allá de la idea estereotipada y/o reduccionista que todos tenemos de la lista de los pecados capitales, creo que podría ser interesante profundizar un poco en los mecanismos mediante los cuales nos afectan y tientan a todos, pues forman parte de nuestra propia naturaleza caída. Probablemente por eso los conocemos tan bien. Además, posiblemente nos identifiquemos más personalmente con alguno, o algunos de ellos en concreto, que con todos en general y en abstracto.

Serían nuestros puntos flacos, nuestros talones de Aquiles personales.

Por todo ello creo que vale la pena profundizar un poco más en su conocimiento, para, de este modo, poder defendernos mejor de las tentaciones personalizadas que cada uno de nosotros pueda padecer (y seguramente padece) en función de su propio carácter… y así, entre todos, poder construir ese “muro infranqueable” que aspiramos a ser, con mayor eficacia y solvencia.

De entrada, creo que hay que ser conscientes de que los pecados capitales se abren camino en nuestras almas, como ya sabemos, por medio de las tentaciones respectivas.

Algunos teólogos medievales, según he leído, sostenían también que cada uno de los pecados tenía además, su propio demonio encargado de “gestionarlo”. Así, asociaban la lujuria a Asmodeo, la gula a Belcebú, la avaricia a Mammón, la pereza a Belfegor, la ira a Amón, la envidia a Leviatán y la soberbia o el orgullo a Lucifer.

En todo caso, y más allá de esta curiosa asociación “nominalista” y tal vez algo “caricaturesca” para la visión actual de los pecados capitales, como decíamos, los pecados nos tientan individualmente a cada uno de nosotros por medio de nuestra propia naturaleza personal (y a veces también colectiva… o gregaria) que deja la puerta abierta de la debilidad. Y esa puerta abierta de la debilidad (o de nuestras debilidades o flaquezas humanas) muchas veces no es otra cosa que el autoengaño, una especie de “anzuelo interactivo” entre nuestra alma y el Diablo, trampa en la cual, más que “caer”, simplemente ya vivimos instalados por los hechos históricos de nuestras propias idiosincrasias. Por inercia, vaya. Porque “somos así”.

Repasémoslos un poco y veamos, según diversos estudios de algunos de los grandes conocedores del alma humana, los autoengaños implícitos en cada uno de ellos, y que tanto nos alejan de Dios.

Y espero y deseo que nadie se sienta molesto, ofendido o aludido personalmente con esta reflexión, pues no lo pretendo en modo alguno; tan solo intento hablar de la naturaleza humana… La que todos compartimos. En todo caso, vaya por delante que el primero que podría darse por plenamente aludido soy yo mismo, y así lo hago aquí, ya que colecciono flaquezas y debilidades más que nadie; y, de alguna manera, identifico personalmente en mayor o menor
medida todos los autoengaños y vicios que citaré a continuación. Errare humanum est.

Y, además, quisiera añadir que no, que no se trata en modo alguno de “reconocer deportivamente” nada, pues esa actitud pseudoelegante que llamamos “reconocer” solo se practica cara a la galería. En verdad, de lo que se trata es de aceptar humildemente la realidad. Con todo lo que ello implique; porque la aceptación (y no el “reconocimiento”), si es tal y es sincera, es un ejercicio que tiene por destinatario solamente a uno mismo. No a la audiencia. Y es, precisamente, por su autosinceridad, lo diametralmente opuesto al autoengaño.

Dicho esto, veamos cuales son los autoengaños más comunes, según diversos especialistas en el tema:

SIETE FORMAS DE APARTARNOS DE DIOS:

ORGULLO: Rivalizar con Dios. La soberbia o inmodestia deriva de un ego erróneamente colocado como centro de todas las cosas. Los orgullosos y pretenciosos aparentan más de lo que son en un escenario de experiencias teatrales e imitativas con una componente de incesante reclamo de atención. Pseudogenerosos, se dedican a acaparar y coleccionar agradecimientos que incitan al refuerzo de su sentimiento truculento egocentrista. Y en este sentido, muchas veces también son transparentes: es sabido de siempre que basta con darle una máscara a un hombre para que, sin quererlo, nos diga la verdad. La vanidad y superficialidad son dos variantes del orgullo muy habituales en esta sociedad actual, tan vana como superficial.

AVARICIA: Sustraerse a Dios. La avaricia no tan solo es la económica. El avariento, el Señor Scrooge moral, el huraño “desengañado de todo” o “qué le van a contar a él a estas alturas…”, en un ejercicio de constante desconfianza cósmica, tiende a mantener secretos sus sentimientos, autobloqueando su propia vida en un contexto general de frialdad insociable y autosuficiencia pesimista que le hace vivir de espaldas al resto del mundo: distancia con el prójimo, apatía y desapego vitales que implican, como causa y efecto, el deseo de no compartir y menos aún el de dar. Y no hablamos aquí de dinero ni de nada material; hablamos de amor. Tristemente, el avariento está seco porque la mezquindad seca el alma.

LUJURIA: Mecanizar a Dios. Más allá del deseo biológico natural, e incluso más aún, de la obsesión erótica o todavía más, del desorden sexual, hablamos del pecado de los instrumentalizadores morbosos de personas, a las que, tras reducir a la condición de cosa, tienden a poseer, criticar y humillar desde su “virtud”, siendo, en cambio, tolerantes (o mejor, cómplices) con los fallos semejantes a los suyos. Dominadores, explotadores y fanfarrones, propenden a considerar los sentimientos en general como cursis muestras de sentimentalismo ridículo. Sí, los lujuriosos son vampiros; y en los casos extremos más horribles, la lujuria sería algo así como la antesala del canibalismo, pues reduce a las personas a la simple condición de carne.

IRA: Juzgar a Dios. El “justamente indignado crónico” o “cargado de razones”, que siempre está por encima del mal… y del mal; reprocha y desaprueba indiscriminadamente desde su perfeccionismo farisaico y su “orden moral”. ¿No es terrible vivir, como lo hace este siniestro justiciero, prefiriendo siempre tener razón a ser feliz? El iracundo exige, juzga y prejuzga sin piedad, sin plantearse jamás el porqué de su “potestad innata”, que le hace creer estar con el derecho de exigir a los demás que pidan perdón sólo por ser como son, pudiendo en su intolerancia llegar a extremos racistas, sexistas y/o clasistas. Aquí cabe también la figura del rencoroso, un patético coleccionista de venganzas fantaseadas y que nunca consumará.

GULA: Trivializar a Dios. Además de los desajustes alimentarios y las adicciones en general, la avidez, la insaciabilidad frente a la vida, el vehemente deseo de conseguirlo todo y el terror a estarse perdiendo algo maravilloso en algún otro sitio, los tentados habituales de la gula, hedonistas y narcisistas autoindulgentes, rehúyen el realismo de la vida, creándose otra, alternativa, donde no hay bien ni mal ni obligaciones ni esfuerzos: basta con disfrutar. Lo más espantoso de este pecado es la frustración que supone la obsesiva pretensión de llenar desde fuera lo que tan solo es un vacío del alma que debería estar lleno desde dentro.

ENVIDIA: Desagradecer a Dios. A partir de una pobre autoimagen de origen, “incomprendida”, “humillada” y amargada, los envidiosos enfermizos son proclives a exagerar una postura de victimización a priori, refugiándose en una competencia vital con los demás, en la que siempre “sospechosamente” resultan perdedores para, así, poder seguir justificando su autocompasión crónica con la que intentan culpabilizar al resto del género humano. Valorando, como lo hacen, únicamente aquello ajeno que no poseen, olvidan siempre lo que pueden amar y el mismo hecho de ser amados, cosa ésta última que, en el fondo, no creen merecer. Lo ponen muy difícil para ser redimidos…

PEREZA: Ignorar a Dios. Tras el rechazo a ver y a pensar, tras la abulia, la resistencia a cambiar, el olvido de Dios, la autonarcotización materialista e inmediata y la búsqueda de distracciones intrascendentes, los perezosos recurren a pautas y estereotipos cómodos, que substituyen el farragoso y molesto vivir tomando decisiones y asumiendo responsabilidades y sus consecuencias. Lo peor de este pecado, considerado desde siempre la madre de todos los vicios, es hacernos caer en la antítesis de la caridad cristiana: en la indiferencia. Además, el miedo “vital”, en el fondo, también se puede entender como una manifestación de pereza amparada en una excusa que “paraliza”.

Hasta aquí, una modesta interpretación de los autoengaños motores de las terribles vías que nos alejan de Dios; todas ellas tienen algo en común: coartan nuestra libertad, limitan nuestra capacidad de amar a Dios y al prójimo libremente. Y si no nos permiten ser libres, ¿cómo vamos a ser dignos? Por ende, nos minorizan, nos hacen menos de aquello que el Creador espera de nosotros.

Pero veamos ahora por contra, las vías que sí que nos acercan, las vías para trascender y que serían las piedras de ese “muro infranqueable contra el vicio” en el que queremos constituirnos.

Las llamamos “Virtudes”.

Y, más allá de las Virtudes Teologales y Cardinales que como cristianos todos conocemos, quisiera comentar aquí las Virtudes que se contraponen a cada uno de los vicios capitales, pues, como ya he dicho, creo que es precisamente ahondando en ellas como podemos mejorar nuestra propia actitud vital y así colaborar mejor y más honestamente en la construcción de ese muro infranqueable en el que deseamos constituirnos.

Recordemos pues que siempre nos enseñaron que:

Contra la soberbia o el orgullo se debe contraponer la Humildad. Esta es una virtud que a muchos les coge “con el pie cambiado” pues la asocian a “humillación”, cuando verdaderamente sólo es aceptar la realidad de que solo somos otras criaturas de Dios más. Sin autoengaños megalomaníacos. Dicen que el verdadero iniciado es un cojo (metafórico), porque así siempre está arrodillado ante Dios. Además, y para ayudar a cambiar algo la actitud, buenos consejos para los orgullosos podrían ser los de permitir a los demás el tener iniciativas, y confiar en que los demás a lo mejor ya sienten cariño por nosotros a su manera. A lo mejor, igual no es tan importante lo que piensen los demás de uno mismo.

Contra la avaricia se debe contraponer la Generosidad, que va mucho más allá de dar una limosna ostentosa y autogratificante. Hablamos también de la capacidad de confiar y de compartir y compartirse uno mismo. Es la generosidad de espíritu, la verdadera coexistencia cristiana: ser conscientes de que todos estamos en el mismo barco creado por el Señor… con los mismos derechos y necesidades. Y sin haberlo pedido. En suma, hablamos de la capacidad de entregarse uno mismo. De confiar, que quiere decir compartir la fe. Además, y para ayudar a cambiar algo la actitud, tal vez un buen consejo para los avariciosos sea plantearse que pueden ser más felices si se abren, confían más en las personas y les participan que ellos también necesitan cosas sin tener que estar siempre a la defensiva, creyendo que les van a robar.

Contra la lujuria se debe contraponer la Discreción y la Moderación. No hablamos de abstinencia o castidad en el sentido más restrictivo, sino del control sobre obsesiones, pulsiones y pasiones. Ya no somos adolescentes. Respetémonos pues a nosotros mismos y al prójimo, que no es ni un objeto de deseo ni un instrumento de satisfacción. Reducir al prójimo a la condición de simple carne es, implícitamente, negar la existencia del alma. Y eso no es precisamente muy cristiano. Además, y para ayudar a cambiar algo la actitud, un buen consejo para los lujuriosos tal vez sea el de que comprendan que el mundo no va de usar o explotar a los demás para no ser uno mismo el utilizado y, en su lugar, que es mucho más preferible dejarse tocar la fibra sensible del alma. En suma, puestos a sentir, contraponer el sentimiento al sensualismo.

Contra la ira se debe contraponer la Paciencia. No se trata de resignación estoica, pues estamos muy lejos de ser el Santo Job bíblico, sino de conservar la calma y ser conscientes de que todos, absolutamente todos, como humanos, somos exasperantes e inaguantables muchas veces. Tal vez un buen antídoto contra la ira sea un espejo. Siempre se ha dicho que todo aquello que empieza en cólera, termina en vergüenza. Además, y para ayudar a cambiar algo la actitud, un buen consejo para los iracundos tal vez sea hacerles ver que quizás el otro podría tener razón o podría tener una idea mejor. Incluso es posible que los demás aprendan por sí mismos. Y tal vez el iracundo pueda aceptar que, a menudo, ya ha hecho todo lo que podía hacer…

Contra la gula se debe contraponer la Sobriedad, la Mesura. No hablamos de ayuno y abstinencia sino de mantener el control sobre la avidez, la ansiedad y, ¿por qué no decirlo? la adicción como un refugio frente a la realidad. La gula es un pecado contra la serenidad: es la urgencia del estómago frente a la calma y la paz del alma. Así que, y para ayudar a cambiar algo la actitud, un buen consejo para los ávidos ansiosos, tal vez sea el de hacerles ver que, a lo mejor, lo que tienen ya es suficiente. Tal vez no necesiten estar en otro sitio simultáneamente para huir de la realidad. Quizás tampoco se pierdan nada en ningún sitio (o mesa) fantaseados… Quizás solo han de buscar dentro de sí mismos.

Contra la envidia se debe contraponer la Caridad, entendida, más que como la Charitas cristiana stricto sensu, simplemente como Empatía, Entrañabilidad, Cordialidad o Amistad. En pensar en los demás en vez de pensar contra los demás, renunciando a la rivalidad y a la competición, solamente propias de hermanos celosos y no de hermanos en Cristo. Además, y para ayudar a cambiar algo la actitud, un buen consejo para los envidiosos tal vez sea el de hacerles ver que, a lo mejor, en el fondo no hay nada malo en ellos en comparación son los demás y que en realidad no necesitan compararse siempre con nadie. Posiblemente no son únicos en sentirse así y seguramente, el prójimo sí que les comprende. Nadie es tan diferente.

Y, por último, contra la pereza se debe contraponer la Diligencia. Y antes que nada, en ser conscientes de que un cristiano jamás puede ser pasivo o indiferente ante los demás. El sufrimiento nunca es ajeno pues nos implica a todos sin distinción alguna y por ende, en este mundo en el que estamos los cristianos, no hay lugar para el desentendimiento. No hay excusa posible, pues estamos en este mundo para intentar mejorarlo, no para ver “que nos pasa” desde la pasividad y la indolencia. Sí, parece que ese término acuñado recientemente de la “proactividad”, en el fondo es cristiano, porque la pasividad no lo es. Además, y para ayudar a cambiar algo la actitud, un buen consejo para los perezosos podría ser el de recordarles que tal vez sí que pueden influir, que solo necesitan darse energías y confiar en sus propias capacidades y, así, participar, en general, junto a los demás hermanos en Cristo.

No dudo que la práctica habitual, la implementación tanto individual como social de estas virtudes haría de este mundo un lugar mucho más digno de ser habitado por este género humano que es hijo de Dios, aunque algunos se obstinen en olvidarlo.

En fin, Mis Muy Queridos Hermanos, es posible que siendo conscientes de nuestras limitaciones y vicios podamos combatirlos mejor, para que ese muro infranqueable que esperamos poder formar entre todos, sea más firme y sólido.

Y si además, podemos predicar con el ejemplo, aún mejor.

Y sí. Es cierto. Hemos caído muchas veces. Pero nos levantamos. Llenos de Esperanza. Y volveremos a caer y a levantarnos tantas veces como haga falta. Porque el amor de Dios es infinito. ¿Creemos esto? ¿Lo creemos? Porque, por más que muchos se aferren sólo a las certezas, también hay quien cree que la verdad y la fuerza de la Fe residen en lo contrario: en afrontar las dudas. Y no pasa nada por ello.

Como Hijos de Dios, estoy seguro de que el Creador quiere de nosotros que vayamos hacia Él libremente. Y para que esto sea así, porque nos ama, debemos hacerlo con el máximo de dignidad posible. Lo más libres de vicios posible.
Humildemente, porque somos imperfectos y débiles; pero, al mismo tiempo, con la dignidad que confiere el esforzarnos para presentarnos ante Él, con su ayuda, de la mejor manera que humanamente podamos.

Como sus hijos que somos, no le defraudemos.

Perdonadme una verborrea tan prolija, y abiertos todos a la Esperanza, un feliz San Andrés para todos y un gran T.·.A.·.F.·.

Hecho en la Casa de la Orden, el 23 de Noviembre de 2019/706

Ferran Juste Delgado G.C.C.S.
Gran Maestro / Gran Prior
In O. eques a Constanti Patientia



domingo, 1 de diciembre de 2019

Los Peligros Del Camino | Ramón Martí Blanco


Masonería Cristiana
Asamblea de Masones para la recepción de un aprendiz
Grabado Anónimo | Siglo XVIII


A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo


Mis Muy Queridos Hermanos,

Todas las vías iniciáticas, no dejan de estar exentas de peligros, de escollos que nos encontraremos en el camino. Nos hallamos hoy aquí, celebrando la festividad de SAN ANDRÉS-2019 asamblea anual de una de ellas: el Régimen Escocés Rectificado,sistema que comprende tanto la iniciación de oficio como la caballeresca. Ambas iniciaciones conllevan una serie de riesgos, de peligros con los que nos iremos encontrando a lo largo de nuestra carrera. De la superación de estas distintas pruebas que se nos presentan, dependerá que consigamos nuestro propósito, o no.

La masonería, siguiendo la tradición de esas iniciaciones de oficio a las que me refería, nos presenta desde el mismo grado de Aprendiz, diversos viajes, en el transcurso de los cuales, se nos van planteando una serie de pruebas, de escollos, que superar.

Si vamos a la iniciación caballeresca, sin repetirse el esquema, la idea de periplo está muy presente. La gesta caballeresca es justamente esto, enfrentar al recipiendario, primeramente como Escudero, a una serie de dificultades; de pruebas, de aventuras, y según como el Escudero salga de ellas o sepa afrontarlas, dependerá que merezca en su momento, que otro caballero se fije en él y lo arme o adobe caballero. Ya como caballero, su periplo continuará ya que la función de la caballería es de por vida.

La propia vida, que todos conocemos es un periplo, en el que a lo largo del mismo nos vemos confrontados a diversas circunstancias, felices o tristes; más tristes que no felices, aunque valdría la pena detenernos a examinar realmente tales circunstancias, pues podemos ver como el mismo hecho que se produce, unos lo experimentan como una desgracia, mientras que a otros los llena de felicidad. Todo dependerá de si el mismo hecho, a uno le favorece o por el contrario le perjudica, siendo la percepción del mismo, absolutamente relativa como podemos ver.

Pero volviendo, no obstante, a la iniciación masónica a que nos referíamos y las circunstancias en que se producen, veremos que de inmediato se nos proponen una serie de viajes, cargados de simbología, y concebidos para que nos induzcan a reflexión.

Sin embargo, para hacer estos viajes -que hacemos en las tinieblas, simbolizada por la venda que se nos pone sobre los ojos- no se nos deja solos, ni físicamente, para que podamos tropezar, caernos y hacernos daño, ni tampoco en el terreno de las ideas. Contamos, de salida con ayudas, en las que todo este proceso va a desarrollarse.

De salida, y como base, la Orden se ha asegurado de que seamos cristianos, porque en el terreno de las ideas, todo lo que se nos va a plantear y decir, tiene como base la religión cristiana (más adelante, al final de los viajes, y al prestar nuestro juramento como Aprendices francmasones, nos comprometeremos a ser fieles a la Santa Religión Cristiana), previamente, la Orden se habrá asegurado (para evitar toda sorpresa desagradable) de nuestra condición de cristianos.

La iniciación pues, no es una cosa que uno pueda hacer individualmente y de forma aislada, de manera totalmente ajena a un colectivo. Para ello, y de acuerdo a los prescrito por el Régimen Escocés Rectificado, necesitamos, no uno sino dos colectivos; primero, principal y previo: el de la Iglesia que nos asegura nuestra condición de cristianos (católicos, ortodoxos, anglicanos, o reformados en general). En segundo lugar: la propia Orden Rectificada, que desde primer momento, y desde la misma cámara de reflexión, nos brinda ayudas, al igual que lo hace una vez ya entrados en Logia; recordemos las palabras del Venerable Maestro: “…siempre se apresta un guía para aquel que lo desea sinceramente, cuando sus títulos han sido hallados justos.” [Ritual Aprendiz, p. 54], el Segundo Vigilante que nos llevará asidos fuertemente de la mano, y nos protegerá de todo peligro.

Contamos pues con dos poderosas ayudas: la religión cristiana (y la seguridad de que todo se desarrollará en este marco: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” [Jn XIV, 6]), y la propia Orden Rectificada, que a través del Venerable Maestro, y los Vigilantes, cuidará de nuestras necesidades. Todavía dentro de la Orden Rectificada, el GRAN PRIORATO DE HISPANIA, y en nombre de esa Institución, sus Autoridades, tienen la responsabilidad de velar y cuidar de la evolución espiritual, dentro del camino iniciático, de todos y cada uno de sus miembros. No hacerlo, constituiría una dejación de funciones, y una falta irreparable a la propia naturaleza de esa Autoridad.

Lo que se propone pues, tiene nombre propio: Iniciación cristiana. Y el capitel en el que está inscrito dicho título en su frontispicio, se aguanta, se soporta, sobre dos robustas columnas: una es la de la religión cristiana; la otra es la Orden Rectificada.

El objeto de este trabajo, de esta Plancha, de este estudio, lleva por título: “Los peligros del camino”. Peligros que nos podemos encontrar en nuestra Clase Simbólica, pero peligros también que podemos encontrarnos en nuestra Orden Interior de caballería. Peligros, que en un estadio y otro debemos aprender a defendernos.

En la Clase Simbólica, todos sabemos que el Templo de Salomón y las vicisitudes que le sucedieron, son el objeto de reflexión de los masones constituyendo el modelo y arquetipo de dicha Clase, dedicada al estudio de las posibles relaciones de dicho Templo, con el propio hombre, con el Universo y la Creación entera, y a través de dicho estudio, profundizar en las relaciones entre Dios y el hombre.

El Templo construido por Salomón y destruido por los asirios, fue reconstruido por Zorobabel, y el relato nos recuerda que, en dicho trabajo, los obreros llevaban en una mano la paleta para construir, y en la otra la espada para defenderse del hostigamiento que los pueblos vecinos les propiciaban. La simbología es clara: en el proceso de reconstrucción, y en nuestros rituales se nos habla por todas partes de la necesaria reconstrucción del hombre, con el fin de volver a recuperar ese lugar que el hombre ostentaba en su primer estadio, y que perdió por su culpa a causa de la Caída (como nos dice la Orden Rectificada); o causa del Pecado Original (como nos dice la religión cristiana), pero en ese proceso de toma de conciencia, como paso previo a toda eventual recuperación de un anterior estado, nos encontraremos con multitud de peligros externos e internos (en nuestro caso, los internos son más peligrosos, todavía), de los que habrá que defenderse.

Nuestra Regla Masónica nos recomienda: “Eleva siempre que puedas tu alma por encima de los seres materiales que te rodean y lanza una mirada plena de deseo hacia las regiones superiores que son tu herencia y tu verdadera patria” [Regla Masónica, Art. I: “Deberes para con Dios y la Religión”, 1]. ¿Qué se nos está diciendo aquí? ¿Dónde están entonces esas regiones superiores? ¿De qué se nos está hablando aquí? ¿Del Cielo?

Si vemos el estado del hombre actual, cabe preguntarse: pero ¿puede saberse qué estoy haciendo yo aquí abajo metido en un cuerpo físico animal con todas las limitaciones que esto implica?, como reflexionaba uno de nuestros Hermanos…

Sin dejar la Regla Masónica, en su Artículo Segundo se nos dice: “Cultiva tu alma inmortal y perfeccionable y hazla susceptible de ser unida al origen puro del bien, entonces será liberada de los groseros vapores de la materia…”

Resulta muy plausible, que el atribulado ser humano, a la vista de las dos citas que hemos mencionado de nuestra Regla Masónica, comparando lo que en ellas se dice con el estado actual de la humanidad que tiene a su alrededor, acabe preguntándose, luego ¿qué caray hago yo atrapado en esta situación y este entorno, que me impide ir “elevarme” a esas “regiones” en las que desearía estar.

Nos viene a la mente el dicho que reza: el mundo es “un valle de lágrimas”. Ciertamente, existe un dicho que dice que la vida es “un valle de lágrimas”, donde pasaremos con mucho dolor para luego ir al cielo a disfrutar. Este dicho, lo único que ha logrado es crear una generación de gente fracasada, frustrada, creyendo que Dios es malo, castigador y que sólo quiere que el ser humano sufra.

Esto no es, ni puede ser así de ningún modo. Como cristianos, sabemos que Dios es Justo y Todo Bondad. Nada que venga de Él pueda ser malo para la Creación ni para el hombre, su creación predilecta.

Decíamos más arriba que el ámbito en el que nos movemos es la Iniciación cristiana, y que la misma se sustenta sobre dos grandes columnas: la religión cristiana y la Orden Rectificada. Una columna constituye el marco que delimita el sentido de nuestra acción. La otra, la metodología aplicada al trabajo de consecución de nuestro propósito. En función del objeto final de la construcción, la segunda columna no tiene sentido sin la primera. Y, en el caso que nos ocupa, especialmente, en el mismo orden que las he enumerado; aquí, el orden de los factores, sí que altera el producto.

Conviene pues hacer una adecuada lectura de nuestros textos, a la luz de lo que nuestros mismos rituales nos indican: “el Evangelio es la Ley del Masón, que debe meditar y seguir sin cesar” [Ritual Aprendiz, p. 111].

Fijémonos ahora en la noción de “materia” en el texto que hemos citado, y que vuelvo a repetir: “Cultiva tu alma inmortal y perfeccionable y hazla susceptible de ser unida al origen puro del bien, entonces será liberada de los groseros vapores de la materia…” Una lectura literal de dicho texto, puede llevarnos a contemplar la noción de “materia” en un sentido equivocado. No estamos refiriendo a una visión del mundo que nos rodea y del mismo cuerpo humano como una prisión en la que el espíritu del hombre, o su parte más espiritual se encuentra atrapado, y lo mantiene alejado de esas “regiones superiores” que cita nuestra regla Masónica, y que ciertamente es su patria de origen.

Esta visión del cuerpo humano es una visión totalmente errónea desde un punto de vista cristiano. La fe cristiana, nos dice que la persona humana, creada a imagen de Dios, es un ser a la vez corporal y espiritual [“Dios formó al hombre con el polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente” Gn II, 7]. Por tanto, el hombre en su totalidad es querido por Dios. El cuerpo del hombre participa de la dignidad de la imagen de Dios: es cuerpo humano precisamente porque está animado por el alma espiritual, y es toda la persona humana la que está destinada a ser, en el Cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu.

No es la Orden Rectificada la que está denunciando que esa visión del cuerpo humano sea errónea. Es toda la tradición cristiana quien lo denuncia; y quiero recordar que la Iniciación cristiana a que antes aludía, está soportada sobre dos grandes pilares: la religión cristiana y la Orden Rectificada. Cuando nos referimos a la religión cristiana, lo estamos haciendo en su sentido más ecuménico, englobando las distintas confesiones cristianas existentes, como se precisa en la Constitución y Reglamentos Generales de la Orden Rectificada del GRAN PRIORATO DE HISPANIA [Constitución y Reglamentos de la Orden Rectificada, G.P.D.H.; Declaración cristiana de la Orden Rectificada, p. 7]. La finalidad de la Orden Rectificada no consiste en evangelizar a sus miembros, para eso está la Iglesia, y todos nosotros hemos asegurado ser cristianos cuando nuestra entrada en la Orden, es en todo caso a la confesión cristiana a la que pertenezcamos a quien le corresponde hacerlo. La Orden Rectificada -y la manera en que el GRAN PRIORATO DE HISPANIA la entiende- deja ese cometido a la religión cristiana.

El cometido de la Orden Rectificada es velar para que el Régimen Escocés Rectificado sea -y lo continúe siendo- como lo henos oído proclamar esta mañana en el transcurso de la ceremonia que algunos de los aquí presentes hemos vivido: “Sí, la Orden es cristiana; debe serlo y no puede admitir en su seno más que a cristianos…” [Ritual M.E.S.A. p. 99]. No velar por ese cometido, haría de aquellos que nos ha tocado la responsabilidad de velar por la Orden Rectificada como dirigentes, hacer dejación de nuestras funciones y faltar a los compromisos contraídos, cosa que no haremos ni
queremos hacer.

Esa visión del cuerpo del hombre como cárcel del espíritu es una visión totalmente gnóstica, siendo dicha visión, aún y afirmando una división tripartita del hombre, en cuerpo, alma y espíritu, tremendamente dualista, siendo combatida y condenada por los Concilios de la Iglesia cuando surgió en los primeros siglos cuando la formación y consolidación del cristianismo.

El espacio limitado de esta Plancha, no nos permite extendernos tanto como quisiéramos en precisiones que requieren un marco mucho más amplio, que en todo caso abordaremos en otra parte.

Hemos querido simplemente señalar, que el camino – la vía Iniciática es un camino- es peligroso y conviene no perder de vista, como constructores, la estructura del edificio que estamos construyendo, sobre qué pilares está soportado, y la referencia que hemos de seguir; como caballeros, cuya función es la de actuar en la Orden y en la vida en general, que en el camino, los peligros que nos encontraremos son muchos y hemos de aprender a distinguirlos y superarlos si queremos salir victoriosos de la gesta que tenemos comprometida.

La vía iniciática cristiana es luminosa y esplendorosa; en absoluto tenebrosa como no puede ser de otra manera. Cristo se hizo hombre para salvar al mundo y regenerar toda la creación. Él es, como dijo: “el Camino, la Verdad y la Vida”. Los cristianos vivimos en la esperanza de la Vida Eterna y aspiramos habitar en la Jerusalén Celeste, pero antes hemos de pasar por este mundo y esta realidad que nos rodea, para en imitación a Cristo -siguiéndole- hacernos merecedores de ese lugar en la Jerusalén del Cielo. Los que aquí abajo nos encontramos comprometidos en el camino que constituye la Iniciación cristiana, participamos de esa Esperanza, trabajando, y sirviéndonos de la paleta y la espada, hacernos valedores y dignos de ese lugar lo más cerca posible suyo.

A modo de conclusión de nuestro trabajo, conviene precisar que en el periplo que hacemos en este quehacer de recorrer el camino por la Iniciación cristiana, es necesario contemplar las reflexiones que nos propone y dice la Orden Rectificada, a la luz del Evangelio, no olvidando lo que estos mismos textos de la Orden Rectificada nos dice y que ahora vuelvo a recordar: “El Evangelio es la Ley del Masón…”, hagámoslo así, poniendo el acento allí donde requiere que esté y entonces tendremos la tranquilidad y la seguridad de no extraviarnos en nuestro camino.

23 de Noviembre de 2019 de la V.L., 6019 en modo masónico.

Ramón Martí Blanco
Gran Canciller/Gran Secretario
Gran Maestro Emérito


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Masonería Cristiana
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