sábado, 30 de noviembre de 2019

PRESENTACIÓN DEL GRAN PRIORATO DE HISPANIA | GPDH




Masonería Cristiana
Escudo de armas del G.P.D.H.

GRAN PRIORATO DE HISPANIA


El Gran Priorato de Hispania es la Obediencia que rige y administra en España el sistema masónico y caballeresco conocido estructuralmente como Régimen Escocés Rectificado, practicante del rito denominado Rito Escocés Rectificado.


Es la única Obediencia Regularmente constituida en el ámbito hispano para la práctica del Rito Escocés Rectificado, disponiendo de Carta Patente para poder hacerlo desde el 22 de marzo de 1993, autorización que recibió de manos de la Potencia francesa que legítimamente detenta la autoridad sobre el Régimen Escocés Rectificado desde 1782, el Gran Priorato de las Galias. Posteriormente, en el año 2003, concretamente el 5 de abril de ese mismo año, se produjo la ratificación de dicha Carta Patente y la solemne ceremonia de consagración propiamente dicha que se llevó a cabo, en el castillo templario de Monzón (Huesca), por parte del mismo Gran Priorato de las Galias.


El Gran Priorato de Hispania, es una organización iniciática masónica y caballeresca, que tiene por fundamento la Fe en Dios. Sólo admite en su seno a varones cristianos (católico romanos, anglicanos, ortodoxos, reformados). Practica exclusivamente el Rito Escocés Rectificado, no siendo pues una Obediencia multi o pluri ritual.


Todos sus miembros profesan la Religión Cristiana y llevan, allá donde se encuentren, su mensaje. Prestan sus juramentos y compromisos sobre el Prólogo del Evangelio de San Juan.


Su misión espiritual tiene por objetivo permitir al hombre reencontrar su verdadera naturaleza mediante una realización personal, primero masónica y luego caballeresca.


La iniciación masónica, en su doctrina, por el trabajo simbólico y por la práctica cotidiana de las virtudes, procura a quienes la reciben los medios para reencontrar en sí mismos su originaria dimensión como hijos de Dios.


La iniciación caballeresca hace de quienes la componen Caballeros de Cristo puestos al servicio de los hombres para hacer reinar la justicia.


ESTRUCTURA

El Gran Priorato de Hispania está estructurado de acuerdo a lo previsto cuando la creación del Régimen Escocés Rectificado en el Convento de Wilhemsbad en 1782, en dos Clases:

la Clase Simbólica (o masónica), compuesta por cuatro grados: Aprendiz, Compañero, Maestro y Maestro Escocés de San Andrés.
La Orden Interior de caballería, compuesta de dos niveles o estadios: Escudero Novicio (estado preparatorio para el acceso a la caballería); Caballero Bienhechor de la Ciudad Santa.

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Blasón y Divisa del Colegio de Armas del G.P.D.H.

Esta es la composición legal y legítima del Régimen Escocés Rectificado aprobada por el Convento de Wilhelmsbad en 1782, que dio sanción y aprobación a un anterior convento celebrado en Lyon en 1778, conocido como el de las Galias. En este mismo Convento de Wilhelmsbad, se aprobaron así mismo los dos Códigos constitutivos del Régimen: uno para la Clase Simbólica y otro para la Orden Interior que regulan todo el sistema. Si Jean-Baptiste Willermoz (fundador y principal artífice del R.E.R.) tenía prevista una Tercera Clase, dicha clase no obtuvo la sanción y aprobación del Convento, y por consiguiente no puede ser considerada como formando parte del Régimen. Tanto los dos Códigos fundacionales, como la mayoría de rituales (incluyendo cada ritual una Instrucción particular del grado) de todos los grados fueron impresos en el transcurso del Convento para evitar todo cambio deriva o desvirtuación y forman parte del corpus doctrinal del Régimen Escocés Rectificado.

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Pintura del castillo de Wilhelmsbad (Anau) Alemania en época de la celebración del
Convento


ORÍGENES DEL RÉGIMEN


Los orígenes tanto masónicos como caballerescos del Régimen Escocés Rectificado, son:

La misma masonería francesa de la época, con su proliferación de grados más diversos (Willermoz los conocía todos y practicó muchos de ellos) y que una vez depurada, sería estructurada hacia 1786-1787 en un sistema que llevaría más tarde el nombre de “Rito francés”, con sus tres grados y cuatro ordenes; sin olvidar los diversos grados cuya combinación constituye lo que se ha venido a llamar “escocismo”.
La Estricta Observancia, sistema alemán en el que el aspecto caballeresco primaba absolutamente sobre el aspecto masónico, y que pretendía ser, no ya la heredera, sino además restaurar la antigua Orden del Temple abolida en 1312.


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Retrato de Jean-Baptiste Willermoz, fundador del Régimen Escocés Rectificado


Siguiendo la más pura tradición de la masonería operativa, profundamente cristiana, incluso marcadamente católica (no hay más que ver lo que se considera los textos tradicionales en los que se basa la masonería operativa: Constitución de York (926); Cantero de Bolonia (1248), Regius ( 1390), Cook (1410), Masones de Estrasburgo (1459), Schaw (1598), etc.), la inspiración y las fuentes del Rito Escocés Rectificado están basadas en la Tradición cristiana indivisible, nutrida por las enseñanzas de los Padres de la Iglesia. El Régimen Escocés Rectificado, recordando la Orden del Temple, reivindica a través de su Orden Interior, la doble calidad caballeresca y religiosa. Esta doble calidad, que aparece ya en filigrana a lo largo de los grados masónicos de su Clase Simbólica y se confiere plenamente por su Armamento, no es a emplear solamente en el mundo de los siglos XII o XVIII, sino que es atemporal y los medios para llevarla a cabo, cuya naturaleza es esencial, permanecen inmutables a lo largo de los tiempos, dado que consisten en la puesta en práctica cotidiana y universal de las virtudes teologales de la Fe, la Esperanza y la Caridad cristianas. Esto se expresa en los deberes impuestos, no ya solamente a los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa, sino también al Masón rectificado, desde el mismo grado de Aprendiz, como son la defensa de la santa religión cristiana y el ejercicio de la beneficencia respecto a toda la humanidad y en particular hacia los más débiles y desvalidos.

 Con todo, tanto Willermoz como los Hermanos que colaboraron directamente con él en la creación del Régimen Escocés Rectificado supieron dar a los textos de los rituales e Instrucciones que componen las dos Clases aprobadas en el Convento de Wilhelmsbad, un cristianismo abiertamente ecuménico, que permite que los Hermanos provenientes de las distintas confesiones cristianas se encuentren absolutamente cómodos en él.

 GARANTÍAS

 
El Gran Priorato de Hispania se encuentra totalmente comprometido en el sentido que el cristianismo constitutivo del Rito Escocés Rectificado que se practica bajo su autoridad y jurisdicción continúe siendo abiertamente ecuménico a todas las confesiones cristianas (católicos, anglicanos, ortodoxos, reformados) de manera que cualquiera de sus miembros no pueda encontrar en nuestros textos dificultad doctrinal alguna. El Gran Priorato de Hispania entiende que, al exigirse incluso antes de su admisión, a todo candidato su condición de cristiano bautizado, ello hace que antes de masón uno es cristiano. En consecuencia, no entiende que pueda existir una doctrina propia del R.E.R. que fuere contraria a la doctrina de la Iglesia o incompatible con la misma. Si tal cosa existiera, sería un engaño para nuestros candidatos a los que se ha exigido la condición de cristianos cuando su entrada en la Orden Rectificada.

 
Sin embargo, la masonería Rectificada no es una Iglesia, ni tampoco el Gran Priorato de Hispania lo es, ni tiene autoridad suficiente para pontificar, quien es y quien no cristiano, dejando dicho cometido a quien corresponde y sólo puede tenerlo: la Iglesia cristiana. Así pues, tomando como referencia el Credo Niceno -también conocido como Símbolo Niceno- desarrollado en el transcurso de los Concilios Ecuménicos de Nicea (325), Constantinopla (381), Éfeso (431) y Calcedonia (451), o sea, los cuatro primeros Concilios de la cristiandad habidos antes de la división de la Iglesia, en los que todas las Iglesias cristianas convergen; entendemos como cristiano cualquier miembro de cualquiera de las confesiones cristianas antes citadas que pueda profesar, proclamar y adherirse, firmemente y sin restricción alguna a dicho Símbolo Niceno [fragmento del Punto 7 de la Declaración Cristiana de la Orden Rectificada de la Constitución y Reglamentos Generales de la Orden Rectificada del Gran Priorato de Hispania, aprobada el 2 de Mayo de 2016].
 

INCOMPATIBILIDADES


El Gran Priorato de Hispania, el Régimen Escocés Rectificado en cuanto a su estructura, y el Rito Escocés Rectificado en cuanto a su práctica ritual, la Orden Rectificada de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa, en definitiva, tal cual es entendida y profesada por el G.P.D.H. es totalmente incompatible con cualquier otra cosa que no sea Masonería (particularmente Martinismo, u Orden de los Elegidos Coën [en cualquiera de sus variantes]), básicamente por ser de naturaleza absolutamente distinta a la misma, así como de cualquier noción de “cristianismo trascendente”, “primigenio”, “doctrina esotérica” (que oculta en realidad errores doctrinales o posicionamientos gnósticos, superados y condenados ampliamente por la Iglesia) o cualquier otro tipo de evangelio que no sean los cuatro Evangelios aceptados y practicados por las Iglesias cristianas.

 La noción de Iniciación masónica y caballeresca enseñada a través de la metodología iniciática desarrollada a través de la Orden Rectificada tal cual es entendida por el G.P.D.H. no tiene nada que ver con la magia, la teúrgia ni la teosofía que persiguen los aprendices de brujo, absolutamente enemigos del cristianismo y por consecuencia, del Gran Priorato de Hispania, dispuesto siempre a velar el Depósito recibido y que comparte desde el 22 de marzo de 1993.
 

Mas allá de incompatibilidades doctrinales, existe otra incompatibilidad en la práctica del Régimen Escocés Rectificado cuando no se hace de acuerdo a lo previsto a nuestros Códigos fundacionales que contemplan un funcionamiento de la Orden Rectificada dividida (como se practica en Obediencias multirituales al uso de la masonería anglosajona, que considera la masonería simbólica solamente en sus tres primeros grados) y que hace que nuestra Clase Simbólica se vea cortada en el cuarto grado de Maestro Escocés de San Andrés. Ese modo de funcionar es incompatible con lo previsto en los Códigos fundacionales y supone -al cortar su estructura prevista- una práctica del Rito Escocés Rectificado totalmente fuera de la Regularidad Rectificada.

 HISTORIA


El Régimen Escocés Rectificado [en cuanto a su estructura] y el Rito Escocés Rectificado [en cuanto a su práctica], formando el todo la Orden Rectificada, son absolutamente ajenos, masónicamente hablando, a lo que actualmente consideramos como la masonería andersoniana que tiene como punto de partida las Constituciones de Anderson y el comienzo de lo que se conoce como masonería especulativa.
 

El Régimen Escocés Rectificado no le debe nada a la masonería dimanante del pastor Anderson, y no entender esto imposibilita comprender la singularidad de este sistema masónico y caballeresco.

 La Orden masónica de finales del siglo XVII y del XVIII no tenía nada que ver con el aspecto hegemónico de la masonería inglesa que actualmente conocemos en relación al concepto de Regularidad masónica. La masonería inglesa de la época estaba dividida a causa de la pugna por el trono de Inglaterra, entre los partidarios de los Hannover (a los que diremos ingleses) y los Estuardo (a los que diremos escoceses), siendo el rey de cada uno de los dos bandos, el jefe a la vez de la Masonería, y también, de una manera de entender la masonería. Para acabar de “pintar el cuadro” diremos que los “ingleses” eran en su mayoría protestantes, mientras que los “escoceses” eran en su mayoría “católicos”. En definitiva, la noción de “Regularidad masónica” no estaba en el siglo XVIII en absoluto definida como puede estarlo actualmente, en la Europa continental ni tampoco en las islas británicas.
 

Es en este contexto como hay que entender que hubieran Logias que obedecieran a Londres (sede de la masonería protestante o hannoveriana, obedeciendo a Jorge de Hannover) mientras que otras lo hicieran a París (y más exactamente Saint-Martin-le-Haye, bajo la protección de Luis XIV sede por un tiempo [ya que posteriormente se trasladó a Roma donde estuvo bajo la protección y apoyo de la Santa Sede, deseosa de volver a ver en el trono de Inglaterra a un rey católico] del exiliado pretendiente al trono de Inglaterra, Jacobo Estuardo).

 
Anteriormente hemos dicho que el Régimen Escocés Rectificado de Jean-Baptiste Willermoz nació como fruto de una Reforma efectuada sobre otro sistema masónico y caballeresco alemán conocido como Estricta Observancia. El fundador de la Estricta Observancia fue el barón del Imperio Karl Gotthelf von Hund y Altengrotkau, señor de Lipse, chambelán de su Alteza Serenísima el Elector de Colonia y Elector de Sajonia, consejero de Augusto III de Polonia, iniciado a la edad de diecinueve años en Frankfurt, y que aprovechando su estancia en París entre diciembre de 1742 y septiembre de 1743, se convirtió al catolicismo y es recibido en un “Capítulo Templario” por el Caballero eques a Penna Rubra, en realidad, el pretendiente Estuardo, Carlos III (1720-1788) Gran Maestro de la Orden de Jerusalén, quién lo nombra Gran Maestro de la VIIIª Provincia. Es a su vuelta a Alemania que el barón von Hund constituye la Estricta Observancia basada en una doble leyenda según la cual, en un primer tiempo, la masonería escocesa descendería en línea directa de la Orden del Temple, y en segundo lugar, que ésta masonería tendría por origen los Estuardo que estaban trabajando por reconquistar su corona y restablecer con ello la supremacía del catolicismo.


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Karl Gotthelf von Hund y Altengrotkau, fundador de la Estricta Observancia


Es posteriormente, en 1773-1774 (unos treinta años más tarde), que Jean-Baptiste Willermoz y sus Hermanos de Estrasburgo, Lyon y Burdeos entran a formar parte de esta Estricta Observancia y conjuntamente, en acuerdo con otros Hermanos alemanes con el duque Ferdinand de Brunswick a la cabeza, comienzan la Reforma que dará lugar a la creación del Régimen Escocés Rectificado, siendo presentado primeramente  nivel francés en el Convento de Lyon de 1778, y siendo definitivamente sancionado y aprobado a nivel general en Alemania en el Convento de Wilhelmsbad de 1782.


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Duque Ferdinand de Brunswick y Lunebourg, que presidió la clausura del Convento 
de Wilhelmsbad


Estas son las razones por las que el Régimen Escocés Rectificado no le debe nada a las constituciones del pastor Anderson efectuadas por encargo de Londres; porque la Orden Rectificada tiene sus propias constituciones (nuestros Códigos fundacionales) y dichos Códigos vienen de otras fuentes distintas de la Masonería, en nuestro caso de la Masonería escocesa, pero de una masonería escocesa genuina y auténtica que tampoco tiene nada que ver con lo que se conoce por “escocismo” actualmente.
 

El Régimen Escocés Rectificado no tiene tampoco nada que ver con la masonería que se conoce en Francia después de la Revolución de 1789, punto de inflexión y rompimiento de un ordenamiento social que dio lugar a una “nueva” manera de entender la masonería que tendría su culminación con -ya en el siglo XIX- el Gran Oriente de Francia por una decisión del Convento de 1877, en virtud del principio de libertad absoluta de la conciencia, elimina la obligación de invocar al Gran Arquitecto del Universo en sus logias. El Régimen Escocés Rectificado (conocido también como “la masonería de espada”) queda tocado por un cierto aroma del “antiguo régimen” que no sintoniza para nada con esa nueva manera de “ver” y entender la masonería.

 
La singularidad del Régimen Escocés Rectificado, resulta pues manifiesta. Entre el mundo masónico, es repudiado a partes iguales, por: “la masonería de Londres” (la actual Gran Logia Unida de Inglaterra) vencedora en la antigua contienda por el trono que implantará su hegemonía a nivel internacional y su manera de entender la “Regularidad” masónica; al igual que su contraria del Gran Oriente de Francia que se convertirá en adalid de la masonería “liberal” y “adogmática” [libertad absoluta de conciencia], que han llegado a poner incluso en tela de juicio, si la Orden Rectificada es realmente masonería o no, cuando en realidad constituye “la esencia” de la masonería, por bien que no todos los paladares estén preparados para degustarla.

 
El drama de la Orden Rectificada fue la encrucijada en la que nació: en 1782, siete años antes que se desatara la Revolución francesa y el rompimiento de un modelo de sociedad que vio trastocados de golpe todos los valores establecidos. La Revolución no permitió su desarrollo en Francia, y en Alemania, la reforma que supuso la implantación del Convento de Wilhelmsbad, no terminó de cuajar ya que los Dirigentes del Convento, temerosos de un rompimiento de sus Logias, muy apegadas al templarismo de la Estricta Observancia, dio un plazo de algo más de un año para la implementación de la reforma que tenía que dar lugar al Régimen Escocés Rectificado, continuando las logias practicando la Estricta Observancia, hasta que finalmente dicho sistema terminara por desaparecer.

 
Pero a pesar de todas las vicisitudes y de los efectos de la Revolución francesa, el Régimen Escocés Rectificado no desapareció, sino que, a través de su Prefectura de Hermanos suizos, se exilió a Suiza, no regresando de nuevo a Francia hasta 1935, con la creación (bien se podría decir “devolución”) del depósito prestado a los suizos al auténtico propietario: el Gran Priorato de las Galias.


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Facsimil de un impreso de la época (siglo XVIII), indicativo de la representación en 12 
Provincias en que estaba repartido el territorio de Europa, según el sistema 
de la Estricta Observancia.


Por lo que respecta al Régimen Escocés Rectificado y su autorización para trabajar Regularmente en España, la Carta Patente no llega hasta marzo del año 1993, en que el Gran Priorato de las Galias crea un Priorato que continuaría dependiendo de dicho Gran Priorato, pero con autoridad para crear e instalar establecimientos, tanto de la Clase Simbólica, como de la Orden Interior de caballería, instalando como Prior y primer responsable para la Orden Rectificada de habla hispana, al Reverendo Caballero, Raimundus, eques a Voluntatis Fortitudine. De ahí, hasta el 5 de abril del año 2003, en que el Gran priorato de las Galias, consagró el Gran Priorato de Hispania en el castillo templario de Monzón (Huesca), ratificando la Carta Patente y todos los poderes al hasta entonces Prior Raimundus como Gran Maestro y Gran Prior del nuevo Gran Priorato, y concediendo el control, siguiendo en esto los usos y costumbres de la Estricta Observancia, el control de las antiguas provincias templarias presentes en territorio de la península ibérica: la Iª Provincia, dicha de Aragón y la IVª Provincia de León, ambas bajo autoridad y control del Gran Priorato de Hispania, y detentando dentro de los usos y costumbres de la Orden Rectificada, el G.P.D.H., la Gran Cancillería.


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domingo, 24 de noviembre de 2019

La Noción de Beneficiencia | Gran Priorato De Hispania | GPDH


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Liefde (Caritas), Jacob Matham 1585-1589

EN LA TRADICIÓN CRISTIANA, LA BENEFICENCIA, COMO TAL, ES ENTERAMENTE DEPENDIENTE DE LA TERCERA Y MÁS ALTA DE LAS VIRTUDES TEOLOGALES: LA CARIDAD.


Hay que entender por virtudes teologales, como bien dice Santo Tomás de Aquino en su “Suma Teológica”, aquellas por las que nos orientamos hacia Dios, primer principio y fin último de todas las cosas.

Nuestro mundo actual confunde la solidaridad con la beneficencia que tiene un sentido mucho más profundo. La práctica activa de la beneficencia, como virtud cristiana y masónica, está ligada a la caridad, virtud teologal, y no a al concepto social de solidaridad, como se cree a menudo hoy en día, en estos tiempos en los que “lo humanitario” deviene mucho más rentable en el plano de la propaganda y la captación de fondos públicos y privados.

Por mucho dinero que pueda reunir cualquier Obediencia Masónica nunca superará lo recaudado en uno de estos telemaratones, que las distintas cadenas de televisión organizan normalmente en el mes de diciembre con el fin de recaudar fondos a favor de los afectados por la esclerosis múltiple, el sida, la fibrosis quística, etc., a los que acuden todos los políticos y famosos para dejarse ver y “salir en la foto” junto a estas encomiables causas. En consecuencia, si entendemos solamente la beneficencia como un acto de dar dinero, la Masonería quedaría equiparada, o incluso por debajo, a cualquier otro tipo de organización con fines sumamente respetables, pero no justificaría la existencia de nuestra Institución que tiene en el ejercicio de la beneficencia como una de sus principales razones de ser.

Para la Masonería Rectificada la noción de Beneficencia abarca mucho más, tiene un concepto mucho más amplio. No en vano, la condición más alta a que podemos aspirar la denominamos “Caballero Bienhechor (Benefactor) de la Ciudad Santa”.

La solidaridad forzosamente debe surgir de la virtud de la justicia. Es un deber de justicia, como es un deber de justicia rendir culto al Dios único, nuestro Creador (“Vere dignum et justum est”, dicen todos los prefacios eucarísticos).

A este título, la solidaridad es, no ya respetable, sino necesaria, ya que es un deber de justicia el permitir a aquellos que no tienen nada, tener el mínimo conveniente a la dignidad humana.

Sin embargo, y a la vista de todo lo que acabamos de decir, sería culpable querer reducir la caridad, una de cuyas pruebas traducida en actos, es la beneficencia, a la simple solidaridad. La solidaridad como hecho social, infinitamente respetable ciertamente, surge de la sola voluntad del hombre, la caridad, por el contrario, restaura al hombre en su vocación de ser hijo de Dios por y en Cristo.

Esto es lo que nos viene a decir muy exactamente el conde Henri de Virieu en su Memoria sobre la Beneficencia, presentada el 29 de julio de 1782 en el Convento de Wilhelmsbad:

“La virtud que nombramos beneficencia es esta disposición del alma que hace operar sin descanso el bien a favor de los otros, sea de la naturaleza que sea. Esta virtud abarca pues necesariamente un campo inmenso, ya que siendo su esencia operar el bien en general, todo lo que el espíritu pueda concebir de bueno en el universo es de su incumbencia y debe ser sometido a su acción. Es de esta manera que el hombre debe contemplar y practicar la virtud por la que se convierte en lo más parecido a su principio infinito del que es imagen, a este principio de bondad que, queriendo siempre la felicidad de todas sus producciones sin excepción alguna, actúa continuamente para procurársela, siendo así eterna e infinitamente bienhechor.”

Y Virieu añade estas palabras de capital importancia que ilustran maravillosamente lo que se acaba de decir y que nos dan la medida de lo que debe ser el corazón de la espiritualidad propia del Régimen Rectificado:

“Tal es la idea que debemos formarnos de la beneficencia, que debe extenderse sin excepción a todo aquello que pueda ser verdaderamente bueno y útil a los demás, que no debe descuidar ninguno de los medios posibles para alcanzarlo. Aquel que se limita a dar los socorros pecuniarios a la indigencia hace realmente un acto de beneficencia, pero no puede obtener el título de bienhechor; no menos que aquel que cree haberlo satisfecho todo protegiendo la inocencia, o aquel otro que se circunscribe a aliviar a sus Hermanos sufrientes, o incluso aquel que en un orden muy superior de cosas hiciera consistir toda su beneficencia en iluminar e instruir a sus semejantes.

Todos estos bienes, tomados por separado, no son más que ramas de un mismo árbol, que no se pueden desgajar sin quitarles la vida. Pero sólo merece verdaderamente el título de bienhechor aquel que, convencido de lo sublime de su esencia, considerando la grandeza de su naturaleza formada a imagen y semejanza del principio eterno de toda perfección, la vista puesta sobre esta fuente infinita de toda luz, de todo bien, para imitarla y cumplir así los deberes sagrados que por naturaleza le son impuestos, siente que, al igual que la bondad eterna abraza a todos los seres, a todos los tiempos, a todos los lugares, igualmente la beneficencia, que no es mas que la manifestación de la bondad, debe ser sin límites; que creado a imagen y semejanza divinas, viola su propia ley cuando olvida el deber de imitar sin descanso su modelo y no manifiesta su existencia a todos los seres si no es por sus buenas obras; que nacido para ser el órgano de esta infinita bondad, no debe jamás cerrar la mano destinada a repartirla, a propagar sus efectos, que de acuerdo a las circunstancias y sus medios dá, aconseja, protege, alivia, instruye; que piensa y actúa sin cesar por el bien de sus semejantes, no dejando de actuar si no para volver a empezar, haciendo que ésta tarea perdure por toda su existencia, y que en fin, si los límites de sus facultades no le permiten recorrer a la vez esta inmensa carrera, abraza al menos en su corazón, su voluntad, sus deseos, todos los medios imaginables de operar el bien y todos los seres susceptibles de sentir sus efectos.

Sería pues abusar profundamente querer conceder el titulo general de beneficencia sólo a los actos particulares de esta virtud cuya esencia es abrazar sin excepción todos aquellos actos que puedan tender a hacer el bien de la humanidad.”

Después de la lectura de este admirable texto, puede uno mesurar perfectamente bien la catástrofe actual que representa la reducción de la caridad a la sola solidaridad. La caridad es don y olvido de uno mismo, mientras que la solidaridad “mediática y ostentatoria” no es más que una faceta del orgullo humano (sin contar que su eficacia para aliviar los males es a menudo dudosa).

Fuente
Pagina web del Gran Priorato De Hispania

domingo, 17 de noviembre de 2019

Valores Eternos | Conversaciones en el Claustro | Eduardo R. Callaey | Ramón Martí Blanco





Masonería Cristiana
Caballero de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén | Siglo X
Esculpido por |Andrea Jula | Italiano
Metal blanco a escala de 54 mm

Resulta evidente que para muchas personas so-
mos una suerte de anacronismo medieval. Hoy,
hablar de caballerosidad —ni que mencionar la
caballería— suena a tiempos pasados. Los maso-
nes cristianos anclamos nuestra ética en una regla
caballeresca. ¿Somos acaso una suerte de pieza de
museo? ¿Es posible trasmitir estos valores a una
generación barrida por el hedonismo, el consumo
y la indiferencia?


La caballerosidad puede parecer hoy en día una reliquia del pasado, pero todo el mundo desearía, cuando la vida los enfronta con una dificultad cuya resolución de la misma dependiera —y con ello de alguna manera la propia suerte— de la decisión de un hombre, desearían encontrarse ante un caballero. Esto quiere decir que a la noción de caballero y caballerosidad, se le atribuyen una serie de valores como son:

Justicia pero también magnanimidad, equidad, rectitud, altitud de miras, coraje, valerosidad, vigor, firmeza, que el portador de los mismos supuestamente pondrá en práctica ante las situaciones que tenga que afrontar en la vida, por muy anacrónicos que dichos valores puedan verse en nuestros días.

Hay subyacente en este modo de pensar, la sensación y la conciencia de que algo hemos perdido en el camino en la evolución de esto que hoy conocemos como «modernidad», de manera, que a pesar que estos principios puedan tener un regusto «antiguo», no por ello dejan de ser consoladores cuando la vida nos pone en situación de tener que necesitarlos; entonces nos vendría bien tenerlos ahí para que nos echaran una mano.

Es como la figura del padre o de la madre, que por mucho que se haya querido inventar una nueva «familia» considerando el modelo antiguo como opresor, continúan siendo insustituibles. Y esto es así porque estamos hablando de principios y valores atemporales que han tenido sentido ayer, lo tienen hoy y lo tendrán siempre, porque forman parte de la misma naturaleza del ser humano.

Decía anteriormente que el hombre puede llegar a ser un lobo, un depredador, para el hombre, pero también puede ser el autor de las acciones más sublimes, todo dependerá en qué se inspire, y efectivamente, nada es posible en medio del caos necesitamos un ordenamiento y la misma vida del ser humano y de la naturaleza está regida por un orden natural —la noche, el día— unos períodos y unos tiempos en que debemos y necesitamos dormir y alimentarnos de manera pautada para no enfermar.

El mismo mundo occidental y Europa en particular, está acrisolado en torno al principio y regla benedictina del «ora et labora», que marca unas pautas y un ordenamiento de la vida humana y la sociedad, en las que se dedica un tiempo a la oración y a Dios y otro tiempo a trabajar para subvenir las necesidades humanas y materiales. Esta Regla, conocida como Regla de San Benito, sirvió de base para posteriores reglas adoptadas por todas las Ordenes de Caballería. Ahora bien, el problema surge —y con ello el desarreglo— en la medida que la humanidad trastoca estos tiempos, dedicando más y más tiempo a subvenir las necesidades humanas —reales, inventadas o adquiridas— y menos tiempo a Dios hasta llegar a su total olvido, olvidando —valga la redundancia— esa parte divina perdida de la naturaleza humana, lo cual se traduce en esa búsqueda incesante de espiritualidad desordenada y torpe —pero en definitiva búsqueda de sentimiento religioso— que podemos ver en tanta gente.

Los masones cristianos, y particularmente, el Régimen Escocés Rectificado, con su clase masónica y su orden caballeresca, denominada Orden de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa, tienen una regla propia, denominada Regla Masónica —inspirada, como no, en la benedictina— y que en modo alguno es comparable con lo que otros sistemas masónicos conocen como Código Moral Masónico, cuyo primer artículo se titula «Deberes con Dios y la Religión». El Código Masónico, es un conjunto de consejos éticos y morales, en que la noción de lo que el «hombre debe a
Dios» queda diluida en un «pórtate bien» más inspirado en las buenas maneras que en considerar al resto de seres humanos como obras suyas, inspirados por él y en consecuencia merecedores del respeto y veneración que el ser humano pueda deber a Dios. ¿Dónde está el anacronismo en cuanto estoy diciendo? ¿No corresponde todo ello a valores eternos?

Estos valores, no tan solo es posible transmitirlos si no que es de todo punto necesario hacerlo, y a ello es a lo que estamos llamados Masones y Caballeros. ¿A qué si no? El Caballero de hoy en día ya no va montado a caballo ni está llamado a liberar Tierra Santa, pero no por ello es menos necesario en nuestro mundo y en nuestra sociedad.

El Caballero actual ya no dirime su nobleza en justas y torneos, pero ¿acaso no tiene ocasiones diariamente de dar muestras de su nobleza y valentía? La lucha a llevar a cabo ya no se desarrolla con la espada, pero puede utilizar las armas de la palabra, de la convicción, de la escritura, pero sobre todo las del ejemplo. Hay una eterna lucha en nuestro mundo entre el bien y el mal y esa es la lucha a la que está llamado el Caballero.

Ahora bien, si ese caballero no está bien inspirado, entonces se puede convertir en el caballero negro, aquel que lucha no en el mantenimiento de los valores y virtudes a los que antes me he referido, cayendo, como dice cierta terminología de una saga cinematográfica, en el «lado oscuro» de la fuerza.

¿Cuántos masones se han preguntado por el sentido de la Masonería o la naturaleza del Caballero hoy en día?, yo les responderé: precisamente éste, el transmitir estos valores al mundo y a la sociedad, en una suerte de «Pepito el grillo» que sacuda ese inconsciente colectivo, domesticado y aletargado, denunciando públicamente comportamientos que repugnan toda condición humana y moviendo a reflexión al individuo del porqué de su situación actual.

Este es el verdadero sentido de la Masonería, no los oropeles ni las grandes manifestaciones y reconocimientos de los poderes establecidos. Cristo trató de igual modo y fue igualmente estricto con el rico o el recaudador de impuestos que con el pobre y visto con ojos de hoy, sería un ácrata y un insumiso, y es que el hombre ha de someterse a la voluntad de Dios, pero ha de levantarse contra la injusticia, entendiendo la noción de justicia, como que la verdadera Justicia solo es la Divina, siendo la humana, solamente un pálido reflejo de la misma.

Pero la noche ha caído sobre nosotros y sobre este Claustro, Querido Hermano, aconsejando que nos retiremos a reposar.

Advertencia al lector:
Las negrillas utilizadas fueron añadidas por el editor del blog, a fin de hacer énfasis en palabras claves propias de la Masonería Cristiana.

Fuente:
Conversasiones en el Claustro sobre el Régimen Escocés Rectificado y la masonería cristiana, pagina 47, Valores Eternos.

Autores:
Eduardo R. Callaey & Ramón Martí Blanco


Acerca de los autores

Masonería Cristiana
Ramón Martí Blanco

Biografía

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Eduardo R. Callaey

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domingo, 10 de noviembre de 2019

Prólogo N°1 | Conversaciones en el Claustro | Eduardo R. Callaey & Ramon Martí Blanco



Masoneria Cristiana

Eduardo R. Callaey
Ramón Martí Blanco

CONVERSACIONES
EN EL CLAUSTRO
sobre el Régimen Escocés Rectificado
y la masonería cristiana

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1a edición: febrero, 2016
ISBN (edición impresa): 978-84-945046-4-8
ISBN (edición digital): 978-84-945046-5-5
Depósito Legal: AS 00338-2016
Impreso por Ulzama
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Prólogo I 

Este pequeño libro tiene una larga historia. Podríamos comenzar diciendo que no fue concebido como tal. La idea original fue la de reproducir algunas reflexiones sobre la masonería cristiana, surgidas en largas conversaciones mantenidas con Ramón Martí Blanco —por entonces Gran Maestro y Gran Prior del Gran Priorato de Hispania— en los viajes que hice a Barcelona con motivo de la implantación del Régimen Escocés Rectiicado en América Latina.

Estos encuentros eran tan ricos en sus contenidos que, llegado el momento, decidimos reproducir los
temas abordados en la modalidad de una suerte de interrogatorio en el que un maestro novel e inquieto interpela a un viejo maestro en el ámbito reservado de un claustro. Así fue que nacieron las Conversaciones en el Claustro que hoy recopilamos para su publicación.

¿Por qué un claustro? Las respuestas son varias y explican la razón de ser de estas conversaciones.
La primera de ellas es tal vez la más obvia: muchas de estas charlas y reflexiones tuvieron lugar, literalmente, en monasterios: Sant Pau del Camp, Monserrat, Ripoll. Cada visita a Catalunya era una excusa para poder visitar junto con Ramón —y a veces con la compañía de Ferrán Juste Delgado, a la sazón Gran Canciller de la Orden— estos santuarios. Solíamos sentarnos en sus antiguos claustros e imaginar los diálogos y las contemplaciones mantenidas allí por los monjes benedictinos.

El la masonería del Rito Escocés Rectificado hay mucho de esa atmósfera benedictina; pero también hay mucho del espíritu de la antigua caballería. En cualquier caso, el diálogo bien podía ser el de un inquieto Escudero con un avezado Caballero que transmite su experiencia e invita a la meditación sobre diferentes temas relativos a la Orden; o el de un aprendiz de constructor que pide consejo al maestro de la obra.

El Rito Escocés Rectificado, que nunca ha renegado de los orígenes cristianos de la francmasonería sino que los reivindica y los sostiene, se considera heredero espiritual de aquellos maestros constructores que erigieron las antiguas abadías, monasterios y catedrales, que antes de ser laicos no eran sino monjes. Era casi inevitable que en aquella atmósfera de los claustros imagináramos a los maestros de obra transmitiendo a sus discípulos los secretos del arte de la piedra.

También creímos que estos diálogos, estas interrogaciones surgidas en la intimidad del monasterio, debían llenar un espacio que la masonería moderna parece estar abandonando: la formación espiritual de sus miembros. Llevar al lector a descubrir la verdadera naturaleza del lenguaje iniciático que no es otra cosa que la articulación del propio espíritu con el tiempo que nos toca vivir.

Estos encuentros, que nunca fueron deliberados, ni mucho menos programados, dieron lugar al análisis de una multiplicidad de problemáticas que el masón —principalmente el masón cristiano— no puede soslayar y con las que se debe involucrar. No se trataba exclusivamente de asuntos relativos a la historia y la tradición. Nos movía, por el contrario, un espíritu crítico respecto de cuál es el rol que debíamos asumir frente a los desafíos que jaquean la cultura de la que formamos parte. Nos preocupaba —y nos preocupa— el destino de Europa y de la civilización que emanó del conjunto de naciones que forjaron aquello que Raimón Panikkar define como «el espacio cultural cristiano». Nos conmovía el sentirnos parte de una epopeya que rescata el sentido heroico de la vida y rechaza el concepto de inmediatez como único proyecto posible. Sentíamos que el solo hecho de recorrer miles
de kilómetros con el fin último de ese diálogo entre Hermanos no hacía otra cosa que revivir la aventura y la osadía de aquellos otros Padres Fundadores que atravesaban Europa, de Convento en Convento —Galias, Kolo, Wilhemsbad— con el solo fin de encontrar el sentido verdadero de la francmasonería.

Pero también fueron la excusa para que pudiéramos abordar cuestiones propias de la doctrina que da vida y sustento al Régimen Escocés Rectificado, que a diferencia de otras masonerías propone la existencia de un Dios y una Revelación sobre la que descansa toda su estructura.

Esta característica, que puede resultar compleja para quien entiende a la francmasonería como un espacio exclusivo de los librepensadores, es más fácil de comprender en el decurso de estas conversaciones en las que queda claro que el maestro instruye, guía y enseña. De este verbo «doceo», que significa enseñar, proviene justamente la palabra «doctrina».

La iniciación, tal como la comprende la Masonería Rectificada, es un proceso que debiera llevar a la restauración espiritual del hombre, a la reparación de la Caída de la que ha sido objeto, en síntesis, a su redención. Pero para que ello tenga lugar debe crearse un espacio delicado y sutil en el que el alma sea capaz de abrirse al mensaje de los símbolos, pero principalmente del Evangelio en el que confiamos como Luz Redentora.

A medida que este diálogo avanzaba, del mismo modo se iba fortaleciendo, año tras año, la expansión del RER en América Latina y aumentaba la responsabilidad de dotar a nuestros Hermanos de respuestas claras frente al dilema existencial que se encuentra en el fondo del secreto masónico. ¿Cómo realizar un verdadero trabajo iniciático en un mundo que nos conduce deliberadamente a las ciénagas de la anomia? ¿Cómo sostener el edificio espiritual que representa la alegoría del Templo de Salomón dentro de una realidad cuyo mayor mérito pareciera ser la mutación permanente?

No íbamos a los claustros en la búsqueda nostálgica de un pasado que se escurre en las arterias agitadas de la gran urbe. Intentábamos, en todo caso, ir al encuentro del destino, a contramano de las corrientes seculares que padecen de la necesidad de enterrar todo lo bueno que ha dado a luz el cristianismo. Al igual que aquellos monjes que construían la estabilidad en medio de un mundo medieval violento, nuestra intención era la de encontrar los cimientos que nos permitiese permanecer firmes en la tormenta.

Esa atmósfera se encuentra aún en el claustro, que es el corazón vivo del monasterio, el pulmón de la vida espiritual de los monjes. Pero, ¿acaso tenemos algo de monjes los masones? Los autores de estas páginas creemos que sí; que hay un deseo profundo en el alma de muchos masones que los conduce hacia ese santuario que existe en lo profundo del corazón.

También creemos que ese descubrimiento de la dimensión iniciática se materializa, se manifiesta —si se nos permite usar esa alegoría— cuando nos encontramos concordes, es decir, con el corazón dispuesto a escuchar. Y para escuchar hace falta silencio; no un debate especulativo en el que competimos por la erudición de nuestras planchas, sino un telón de fondo en el que el silencio precede a la palabra, una silenciosa paz que predispone al alma en su viaje por la experiencia humana.

Tampoco se nos escapaba el hecho de que, en las contadas ocasiones en que no morían en combate, el
monasterio era el destino natural de los viejos caballeros que, en definitiva, eso es lo que somos. Nacidos en el seno de una de las Órdenes de Caballería heredera de las más antiguas de Occidente, no éramos otra cosa que veteranos caballeros de mil batallas contra nosotros mismos; de hombres con responsabilidades ante nuestros Hermanos, puestos por el destino a conducir a un grupo de intrépidos masones dispuestos a reconstruir la columna truncada representada en la Divisa del Primer Grado. De algún modo añorábamos, bajo esos arcos románicos, el día en que una nueva generación nos liberara de la carga y tomase las riendas atadas a nuestras manos. Pues en definitiva, eso es lo que quedará de nosotros: el testimonio de haber intentado, hasta el último minuto, ser fieles al solemne juramento de la Caballería.

Durante al menos los últimos tres siglos la francmasonería ha sido un factor determinante en la formación de infinidad de líderes en todos los campos, pero principalmente ha sido una herramienta con la que muchos hombres han completado su condición de seres humanos. Su característica más sobresaliente ha sido la de continuar un proceso de construcción espiritual más allá de la piedra, extendiéndola a las entrañas de la modernidad, no para adaptarse a ella sino para que las nuevas generaciones no olviden el sentido espiritual de desbastar la Piedra Bruta. ¿Cómo podríamos hacerlo sin abrir la puerta de nuestras propias tribulaciones y compartir con los Hermanos más nóveles aquello que, a su vez, hemos recibido a lo largo del camino andado? Nuestras conversaciones en el claustro son un intento de adentrarnos en muchos de los temas que hace tiempo parecen abandonados en el seno de las logias. Tal vez en la exposición de esa intimidad descanse el único valor real de su contenido Finalmente, estas conversaciones en el claustro reflejan la preocupación de dos masones que miden la realidad que les toca vivir, pero lo hacen desde una perspectiva propia. Y al hacerlo se rebelan a la corriente posmoderna que amenaza con llevarse cada una de esas piedras con las que fueron construidos esos monasterios milenarios que aún resisten firmes pese a todo.

En todo caso, es también el testimonio del afecto y la fraternidad que muchos masones reconocerán inmediatamente en la complicidad de dos Hermanos que interpelan el sentido de la francmasonería. Nada menos.


EDUARDO R. CALLAEY


Acerca del autor

Masonería Cristiana



Advertencia al lector:
Las negrillas utilizadas fueron añadidas por el editor del blog, a fin de hacer énfasis en palabras claves propias de la Masonería Cristiana.



Masonería Cristiana
Claustro Sant Pau del Camp | Barcelona | España



martes, 5 de noviembre de 2019

La Humildad en el pensamiento de San Agustín | Extractos de su obra.


Masonería Cristiana
Saint Augustine
por Philippe de Champaigne | Pintor Francés
óleo sobre tela  | 1645
Museo de Arte del
Condado de Los Ángeles | USA

Los antiguos filósofos relacionaban la humildad con la ignorancia, la debilidad o ser de baja condición; es decir, con lo que iba en contra del ideal de la excelencia.


Para el cristianismo la clave para el verdadero conocimiento de sí mismo está en la humildad y en el conocimiento de la dependencia que el ser humano tiene de Dios. El ejemplo de Cristo nos enseña que la humildad no nace tanto de la bajeza y pobreza, como de su grandeza y su amor que le llevaron a la humillación para salvarnos a todos. 

"Quisiera, mi Dióscoro, que te sometieras con toda tu piedad a este Dios y no buscases para perseguir y alcanzar la verdad otro camino que el que ha sido garantizado por aquel que era Dios, y por eso vio la debilidad de nuestros pasos. Ese camino es: primero, la humildad; segundo, la humildad; tercero, la humildad; y cuantas veces me preguntes, otras tantas te diré lo mismo. 

No es que falten otros que se llaman preceptos; pero si la humildad no precede, acompaña y sigue todas nuestras buenas acciones, para que miremos a ella cuando se nos propone, nos unamos a ella cuando se nos aproxima y nos dejemos subyugar por ella cuando se nos impone, el orgullo nos lo arrebatará todo de las manos cuando nos estemos ya felicitando por una buena acción.

Porque los otros vicios son temibles en el pecado, mas el orgullo es también temible en las mismas obras buenas. Pueden perderse por el apetito de alabanza las empresas que saludablemente ejecutamos... Si me preguntas, y cuantas veces me preguntes, acerca de los preceptos de la religión cristiana, me gustaría descargarme siempre en la humildad, aunque la necesidad me obligue a decir otras cosas" 
(Carta 118, 22).

 La humildad es la virtud que nos sitúa responsablemente ante Dios y ante los demás. 

"Y buscaba yo el medio de adquirir la fortaleza que me hiciese idóneo para gozarte; ni había de hallarla sino abrazándome con el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús... Pero yo, que no era humilde, no tenía a Jesús humilde por mi Dios, ni sabía de qué cosa pudiera ser maestra su flaqueza".
(Confesiones 7, 18, 24)


La humildad Consiste en conocernos y reconocernos como somos, reconocernos como hombres. No equivale a rebajarse, sino valorarse en la medida justa:

 "Oculta el Hijo de Dios su venida en el hombre y se hace hombre. Se te manda a ti que seas humilde, no se te manda que de hombre te hagas bestia. El que era Dios se hace hombre; tú, hombre, reconoce que eres hombre. Toda tu humildad consiste en que te conozcas" 
(Tratados sobre el Evangelio de San Juan 25, 16)

Pero es un hecho que el conocimiento real del hombre está estrechamente unido a la mediación de Cristo: 

"La humildad del hombre es su confesión, y la mayor elevación de Dios es su misericordia. Si, pues, viene Él a perdonar al hombre sus pecados, que reconozca el hombre su miseria y que Dios haga brillar su misericordia".
(Tratados sobre el Evangelio de San Juan 14, 5) 


De lo que se trata, por tanto, es de conocernos y de aceptar nuestra propia situación de seres humanos: 

"A ti no se te dice: 'Sé algo menos de lo que eres', sino: conoce lo que eres'. Conócete débil, conócete hombre, conócete pecador, conoce ser Dios quien justifica, conócete manchado"

(Sermón 137, 4). 


 "La flaqueza que se da en la humildad es la mayor fortaleza" 
Comentarios a los Salmos 92, 6

La humildad es el camino hacia la verdad de nosotros mismos, que nos abre al encuentro con Cristo, médico humilde y doctor de la humildad.

"Hay en la encarnación de Cristo otros muchos bienes... Otro bien: la soberbia humana, obstáculo principal para la unión con Dios, fue corregida y medicada por la humildad profunda de Dios. Por ella conoce el hombre cuánto se había alejado de Dios y puede apreciar mejor el valor terapéutico del sufrimiento en el camino de su retorno" 
La Trinidad 13, 17, 22

"Quien, en efecto, se hizo por nosotros camino, clama: Entrad por la puerta estrecha. Hace conatos para entrar, mas la hinchazón se lo impide; y cuanto más la hinchazón se lo impide, tanto más perjudiciales le resultan los esfuerzos. Porque, para un hinchado, la estrechura es un tormento, que contribuye a hincharle más; y si aún aumenta de volumen, ¿cómo ha de poder entrar? Tiene, pues, que deshincharse. ¿Cómo? Tomando el medicamento de la humildad; que beba esta pócima amarga, pero saludable, la pócima de la humildad".
Sermón 142, 5

Pero la humildad es necesario cultivarla y custodiarla en lo cotidiano y no dar por supuesto que se tiene como si fuese una conquista para siempre .
La santa virginidad 33, 33

En la caridad está la clave de la vida cristiana, pero este camino no se puede recorrer si no se es humilde: "Luego llamó a la caridad camino excelentísimo. Este excelso camino, hermanos, es maravilloso. Este camino, porque es encumbradísimo, es también excelentísimo, pues sobresale lo que es excelente. Ninguna cosa hay más excelente que el camino de la caridad, y sólo andan por él los humildes"
Comentarios a los Salmos 141, 7

"Tal es el camino: camina por la humildad para llegar a la eternidad" 
Sermón 123, 3

"Considera, ¡oh hombre!, lo que vino a ser Dios por ti; aprende la doctrina de tan gran humildad de la boca del doctor que aun no habla. En otro tiempo, en el paraíso fuiste tan fecundo que impusiste el nombre a todo ser viviente; a pesar de ello, por ti yacía en el pesebre, sin hablar, tu creador; sin llamar por su nombre ni siquiera a su madre. Tú, descuidando la obediencia, te perdiste en el ancho jardín de árboles fructíferos; Él, por obediencia, vino en condición mortal a un establo estrechísimo, para buscar, mediante la muerte, al que estaba muerto. Tú, siendo hombre, quisiste ser Dios, para tu perdición; Él, siendo Dios, quiso ser hombre, para hallar lo que estaba perdido. Tanto te oprimía la soberbia humana, que sólo la humildad divina te podía levantar".
Sermón 188, 3

 "Por la soberbia caímos, llegando a esta mortalidad. Y como la soberbia nos hirió, la humildad nos salva. Por eso vino humilde Dios para curar al hombre de la inmensa herida de la soberbia. Vino porque el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros... ¿Te hiciste soberbio? Pronto te arruinará el que persuade el mal. Afiánzate humilde en Dios y no te preocupes grandemente de lo que se te diga" 

Comentarios a los Salmos 35, 17

 "Yo he venido humilde, yo he venido a enseñar la humildad, y yo soy el maestro de la humildad. El que se llega a mí, se incorpora a mí; el que se llega a mí, se hace humilde, y el que se adhiere a mí, será humilde, porque no hace su voluntad, sino la de Dios. Esa es la causa de que no se le arroje fuera: estaba arrojado fuera cuando era soberbio" 
Tratados sobre el Evangelio de San Juan 25, 16

Quien quiera entrar en el Reino ha de entrar por Cristo, ha de aprender y practicar la humildad: 

"Cristo nuestro Señor es puerta baja; quien quiera entrar por esta puerta ha de agacharse para entrar con la cabeza sana. Quien, en vez de humillarse, se enorgullece, quiere entrar por el muro, y quien sube por el muro, sube para caer". 
Tratados sobre el Evangelio de San Juan 45, 6

Para entrar en el reino y disfrutar de la salvación, es necesario, evidentemente, pasar por Cristo, pero sólo se podrá si somos humildes:

 "Por doquier se nos recomienda con diligencia suma la humildad del maestro bueno. También está en Cristo nuestra salvación, que es su humildad. Careceríamos en absoluto de salvación si Cristo no se hubiese dignado hacerse humilde por nosotros. Recordemos que no hemos de fiarnos de nosotros mismos. Confiemos a Dios lo que tenemos e imploremos de Él lo que aun no tenemos"

Sermón 285, 4

En el camino de la interioridad se va desvelando aquello que somos nosotros. El camino lleva hacia el sí mismo de cada uno: hacia su propia realidad, a su persona. Al mismo tiempo, el camino se dirige hacia "el otro", es decir, hacia la verdad divina que llevamos dentro de nosotros mismos. Esta es la auténtica experiencia  de la interioridad, la verdad del corazón, toda ella vivida en un ámbito de gracia y de don, y es el camino de capacitación en el asombrarse, en el admirarse:

 "Señor, Tú estabas delante de mí pero yo había desertado de mí mismo. Y como no me encontraba a mí mismo, ¡cuánto menos a Ti!"
Confesiones 5, 2, 2

La humildad es la puerta para despojarse del ego.
Sermón 336,3



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Las negrillas utilizadas fueron añadidas por el editor del blog, a fin de hacer énfasis en palabras claves propias de nuestra rica Tradición Cristiana.


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domingo, 27 de octubre de 2019

Prólogo| Los Conventos fundacionales del Régimen Escocés Rectificado | Jean-François Var







Los Conventos fundacionales del Régimen Escocés Rectificado

Lyon 1778 - Wilhelmsbad 1782

Autor
Jean-François Var

Prólogo y traducción
Ramón Martí Blanco

Selección de textos entresacados de las Actas de
los Conventos de las Galias y Wilhelmsbad que
expresan la doctrina del R.E.R. 

Editorial masonica.es
SERIE AZUL (Textos históricos y clásicos)
www.masonica.es
© 2014 Jean-François Var
© 2014 EntreAcacias, S.L

1ª edición: julio 2014
ISBN (edición impresa): 978-84-942888-7-6
ISBN (edición digital): 978-84-942888-8-3
Depósito Legal: AS 02298-2014
Impreso por Ulzama
Impreso en España


Selección de textos entresacados de las Actas de los Conventos de las Galias y Wilhelmsbad que expresan la doctrina del Régimen Escocés Rectificado.

Ningún otro sistema masónico tiene documentados sus orígenes como el R.E.R., una masonería que exige a sus candidatos la condición de cristiano para poder pertenecer a ella. Sin embargo, esa exclusividad cristiana no está exenta de interpretaciones que han producido divisiones y enfrentamientos en su seno entre los partidarios de un cristianismo respetuoso con la doctrina de la Iglesia y aquellos otros que reivindican una doctrina propia del R.E.R. que se sitúa al margen de la ortodoxia comúnmente aceptada por las distintas iglesias cristianas.

Si bien el objeto del libro no es dilucidar el problema en un sentido o en otro, la selección de textos efectuada por Jean-François Var y sus comentarios, ponen de manifiesto lo que eran las intenciones de los fundadores del R.E.R. y lo que finalmente los Conventos aprobaron y que constituye la realidad actual del Rito Escocés Rectificado y el sistema masónico y caballeresco que lo sustenta y le da cobijo denominado Régimen Escocés Rectificado como bien señala el prologuista de la obra.

Fuente del Comentario:
www.masonica.es

Prólogo

La presente obra es la traducción del Cahier Vert – Numero Hors Série, editado por Éditions du Simorgh, en París, en abril del 2005, por cuenta del Gran Priorato de las Galias. Los Cahiers Verts, son también el boletín oficial de esta Obediencia masónica francesa, depositaria del sistema masónico conocido como Régimen Escocés Rectificado.

En este número extraordinario, y gracias al trabajo de Jean-François Var, tenemos una recopilación no exhaustiva de textos encaminados a presentar la doctrina del Régimen rectificado, entresacados de las Actas de los dos Conventos fundacionales del R.E.R.: el de las Galias, tenido en la ciudad francesa de Lyon, y el de Wilhelmsbad, que tuvo lugar en la ciudad alemana del mismo nombre, cerca de Hanau.

De todos los sistemas masónicos y ritos, conocidos y practicados en la actualidad, no hay ninguno que tenga documentados sus orígenes y su fundación, a excepción del sistema masónico y caballeresco conocido como Régimen Escocés Rectificado, practicante del rito masónico denominado Rito Escocés Rectificado. De ahí la razón de la publicación de los textos correspondientes a dichas Actas y documentos en lengua castellana para hacerlos accesibles a los masones y estudiosos de dicho sistema masónico en el ámbito hispanoamericano.

El Cahier Vert/Hors Série del 2005, recopila a su vez parte de esas mismas Actas publicadas respectivamente en los Cahiers Verts nº 7 (1985 – El Anteproyecto por Jean-Baptiste Willermoz), nº 8 (1986 - El Anteproyecto, continuación y final, Esbozo del Cuarto Grado), y nº 9 (1988 – Memorándum sobre la beneficencia de H. de Virieu; Proyecto de capítulo para el nuevo código masónico de H. de Virieu; Notificación por Charles de Hesse; y el Discurso de Ferdinand de Brunswick). El resto de lo publicado en el Cahier Vert del 2005, era hasta entonces inédito.

Por lo que respecta a lo publicado en lengua hispana, en su momento, el Priorato de Hispania, puso en marcha los Cuadernos Verdes, publicándose el número 1 en el año 1996, el nº 2 en el 1997 y el nº 3 en el 2002, que venían a ser la traducción de los tres últimos Cahiers Verts franceses mencionados, de tal manera que tampoco puede decirse que no se hubiera publicado nada en lengua castellana, relacionado con el Convento de Wilhelmsbad. Sin embargo, lo novedoso que nos aporta el Cahier Vert/Hors Série del 2005 (traducido aquí por nosotros), es la publicación de las Actas del Convento de las Galias y el Cuadro de Diputados, celebrado en Lyon, así como otros textos del de Wilhelmsbad, hasta entonces nunca publicados.

Así pues, los masones Rectificados, a diferencia del resto, tenemos perfectamente documentados nuestros orígenes, lo cual resulta de agradecer para orientarse y saber de dónde viene uno, pero la Masonería Rectificada, como toda obra humana —y por esa misma razón imperfecta, como la misma condición humana, y en consecuencia mejorable— no está exenta de claroscuros. La aportación efectuada por Jean-Baptiste Willermoz con el Régimen Escocés Rectificado a la masonería especulativa, es de todo punto memorable y aporta un aspecto que marcará de manera determinante distancias con todos los otros sistemas masónicos existentes en su época (recordemos las dos fechas del Convento de las Galias 1778 y de Wilhelmsbad en 1782) y los que vendrán después de su creación, y ese aspecto no es otro que devolver la Masonería especulativa a sus orígenes ancestrales de la Masonería operativa, que eran cristianos y particularmente católico-romanos.

Ello no quiere decir que el Régimen Escocés Rectificado esté adscrito a ninguna confesión en particular, pero se manifiesta específicamente cristiano, al explicitar al final del Artículo II del Receso del Convento de Wilhelmsbad: 

«…el apego más sincero a los dogmas, deberes & prácticas de nuestra santa religión cristiana…»,

subrayando con ello la noción de cristianismo que se entendía, para nada al margen de las Iglesias oficiales existentes en la época en que fue redactado, que para recordarlas, resumiremos diciendo que eran Occidente, Oriente y las surgidas de la Reforma luterana.

Creo que la frase citada en extracto es suficientemente clara, al no hacer referencia a ningún tipo de «cristianismo primitivo» de los primeros tiempos que pudiera servir de excusa para introducir por la puerta falsa doctrinas anteriores, claramente superadas, abandonadas y especialmente proscritas en los distintos Concilios de la cristiandad, y que nos sirven de referencia para dilucidar lo que cabe entender o no por ser cristiano.

Nuestros fundadores (Jean-Baptiste Willermoz, católico romano, pero también Bernard de Turkheim, que era luterano) hicieron un esfuerzo por superar en el sistema masónico que crearon, las diferencias de religión que habían enfrentado Europa con sangrientas guerras a católicos y protestantes, y que solamente en Francia en la segunda mitad del siglo XVI, supusieron hasta 8 guerras acontecidas entre 1562 y 1598 entre católicos y los protestantes calvinistas conocidos allí como «hugonotes».

Este cristianismo abierto a toda adscripción particular supuso en la práctica un ecumenismo del que el siglo XVIII no había todavía oído hablar y que en nuestros días constituye la principal preocupación de la cristiandad en general.

Sin embargo, nuestros fundadores eran hombres de su tiempo y en consecuencia, no eran ajenos al ambiente reinante en la Europa del siglo XVIII, marcado por el enciclopedismo que daría paso al imperio de la razón y la Revolución francesa, al igual que las curaciones magnéticas —estamos pensando en nombres célebres como Cagliostro, el conde Saint Germain, el mismo Martinès de Pasqually y también Messmer— así como la alquimia. Willermoz y su grupo no fue ajeno a estas influencias como muy bien relata Jean-François Var en su libro «Jean-Baptiste Willermoz, su obra». 

La masonería por su parte se debatía buscando un sentido a su existencia en aquella, su nueva etapa «especulativa». A título de comentario, es curioso contemplar como ese debate, continúa vigente en nuestros días, solo que los masones del siglo XVIII buscaban ventajas tangibles del tipo curativas, el del elixir de larga vida o el oro alquímico, mientras que en la actualidad el debate está más centrado en la acción social —olvidando la existencia de partidos políticos y sindicatos— o en una solidaridad o malentendida beneficencia, que acaba alineándose con el resto de ONG existentes, o se queda en una sociabilidad cortés y epicúrea más propia de un club social que de una sociedad como la Francmasonería que se dice y quiere iniciática.

Volviendo a la masonería del siglo XVIII, Willermoz, ante un panorama tan desalentador, siempre había creído que la Francmasonería tenía que procurar algo más, una Ciencia —como él gustaba decir— de índole superior, que fuera capaz de saciar esa sed de trascendencia, innata en el ser humano de todos los tiempos y de todas las épocas. Esa ciencia creyó encontrarla cuando conoció a Martinès de Pasqually y su Orden de los Caballeros Masones Elegidos Coen del Universo, pero la inesperada y repentina muerte de Pasqually lo dejó a medio camino en sus expectativas, encontrándose de improviso junto a Louis-Claude de Saint-Martin con una Orden sin aquel que la dirigía, y con unos textos y rituales inacabados, la cual trató de continuar durante un tiempo junto a Saint-Martin, en una reuniones y charlas que quedaron plasmadas en las conocidas como «Lecciones de Lyon» y que han llegado a nuestros días, gracias a los cuidados de Robert Amadou.

Terminado ese período, tanto Willermoz como SaintMartin, consideraron que no podían continuar con dicha Orden, máxime cuando Louis-Claude de SaintMartin tenía serias discrepancias —ya expresadas en vida de Pasqually— sobre la vía teúrgica de dicha Orden y la parafernalia que conllevaba, afirmando que para llegar a Dios no era necesaria y que bastaba con la vía del corazón, o del «interno» como gustaba decir, no siendo menester para ello ninguna Orden u estructura obediencial. Por ponerse al margen, Saint-Martín se situó a distancia de cualquier Iglesia, rechazando toda asistencia espiritual en sus últimos momentos, a pesar de haber escrito un buen número de obras y haber mantenido un marcado misticismo cristiano, si bien, a su manera como ahora veremos.

La «manera» a que nos referimos, era a la manera de Martinès de Pasqually, de la que bebieron tanto él mismo como Jean-Baptiste Willermoz. 

Los caminos de Willermoz y Saint-Martin se separan, yendo los pasos de este último tras el alemán Jacob Boehme, del que tradujo buena parte de las obras del llamado «zapatero de Gorlizt», dedicándose por otra parte a escribir los libros que constituyen su obra cuya lista es conocida por los interesados.  

Willermoz, por su parte, entró en contacto con el barón de Hund, que le habló y presento un sistema masónico establecido en Alemania como la Estricta Observancia, o también Masonería Rectificada de Dresde, siendo recibido en la misma y dando paso así mismo con él al entorno de íntimos que compartía sus preocupaciones del momento.

Los mismos dirigentes de la Estricta Observancia (Hund, Weiler y el mismo Ferdinand de Brunswick) no estaban muy convencidos del objeto y finalidades de dicha Orden (pretendía el restablecimiento de la Orden del Temple, con la contrariedad que ello suponía por parte de los distintos países en que en Temple había sido abolido —ante la expectativa que se les reclamara todo lo incautado a la Orden— y la misma Iglesia de Roma) y las enemistades con los distintos Reyes y gobiernos de países que sus pretensiones les pudieran procurar.

Willermoz vio entonces la oportunidad de «reformar» la Masonería Rectificada de Dresde, la cual juzgaba con bellas formas pero carente de fondo, de alma. Pensó entonces revitalizarla, introduciendo en ella lo que había aprendido de Martinès de Pasqually, dotándola de una metodología iniciática y unas instrucciones. 

Así, su idea sería reconvertir la Estricta Observancia, estructurándola en tres Clases concéntricas, siendo la primera Clase dedicada al estudio de los símbolos o Clase Masónica,
para pasar a la segunda Clase (u Orden interior), compuesta por una Orden de caballería, culminando el edificio como colofón una tercera Clase, denominada de la Profesión. Sin que tuvieran exactamente estas mismas subdivisiones, esas tres Clases ya existían en la Estricta Observancia, incluyendo la de la Profesión.

Había además —según nos dice el mismo Var en su comentario del «Anteproyecto»— en la idea de Willermoz, la existencia de una cuarta Clase que constituía el Nec Plus Ultra y que Willermoz tenía sepultada bajo el más espeso velo y de la que solo hacía mención de ella en la correspondencia ultra-confidencial, que era la de la Orden de los Caballeros Masones Elegidos Coens del Universo (con sus siete grados) que venía a ser el meollo, el núcleo de toda la concepción que se hacía de la vía iniciática que quería construir, recuperando con ello la obra y Orden de Martinès de Pasqually aparentemente abandonada.

Lo cierto, es que si realmente eran estas las expectativas de Jean-Baptiste Willermoz, éstas quedaron frustradas, pues el Convento de Wilhelmsbad solo ratificó y aprobó la primera y segunda Clases, del plan inicial de cuatro que Willermoz tenía en mente. El edificio en construcción quedó pues incompleto. Pero lo que constituye formalmente la Masonería Rectificada, el Régimen Escocés Rectificado, sí que quedó definitivamente aprobado y sancionado como podemos ver por las Actas del Convento, así como todo el magnífico conjunto de rituales, instrucciones y textos doctrinales (incluyendo la Regla Masónica Rectificada) que configuran esa excelente y eficaz herramienta de construcción y crecimiento personal para todo cristiano que es el Régimen Escocés Rectificado.

Todo lo que queda fuera de esto, no está formalmente aprobado y no existe. Haría falta en todo caso reunir otro Convento, para ampliar, modificar o cambiar lo que el Convento de Wilhelmsbad decretó y decidió.

Los masones Rectificados no podemos negar que la
inspiración en que se basan nuestros orígenes es problemática ya que la concepción que Martinès de Pasqually se hacía de ciertos aspectos que constituyen materia de fe cristiana, los entendía a su manera, en particular su concepción de la cristología. 

Robert Amadou, en la Introducción a su edición del «Tratado de la Reintegración de los Seres» de Pasqually, pone de manifiesto esas concepciones que no casan con la doctrina comúnmente acordada y aceptada por las Iglesias cristianas, diciendo: «Martinès se escandaliza que haya tres personas en Dios», y más adelante: «Martinès denuncia el dogma de la Trinidad», con lo cual, por mucha voluntad que pongamos, Pasqually profesaba doctrinas ajenas al dogma de la Santísima Trinidad, común para todas las Iglesias cristianas, al igual que presenta la caída de Adán como el motivo que obligó a Dios a la creación del mundo, o una concepción particular de la angelología, que se apartan de la fe cristiana.

Sin embargo —también los Masones Rectificados, conocedores de nuestros rituales y textos— tampoco podemos negar que todo lo que se afirma en nuestros rituales, instrucciones y textos doctrinales aprobados por el Convento de Wilhelmsbad, no se ajuste estrictamente a lo que hay que profesar y creer para decirnos cristianos en cualquiera de las confesiones cristianas existentes actualmente. 

Al parecer, Jean-Baptiste Willermoz, Turkheim y aquellos de nuestros fundadores que intervinieron directamente en la redacción y revisión de nuestros textos y rituales, se cuidaron muy mucho de que así fuera, dejando en todo caso esa parte de doctrina que no se ajustaría a la fe cristiana para las otras Clases que no fueron aprobadas en Wilhelmsbad. 

Consecuencia de todo ello: la Orden Rectificada y el Régimen Escocés Rectificado —de acuerdo a los rituales, instrucciones y textos doctrinales vigentes— es perfectamente acorde con la doctrina y fe cristiana. Punto.

Ahora bien, la Masonería Rectificada ha tenido problemas y disensiones tanto en Francia como en España; en España en el año 2010 y en Francia posteriormente en el 2012. Vayamos a analizar estos problemas, y ver si realmente están dentro o fuera del R.E.R. y las causas que llevaron a ello.

Como podemos ver por los Conventos cuyas Actas se reproducen en este mismo libro, la historia del Régimen Escocés Rectificado arranca desde la segunda mitad del siglo XVIII, pero su existencia, si bien ha perdurado ininterrumpidamente a lo largo de los años (la continuidad está debidamente documentada, con su exilio suizo y su vuelta a Francia) ha sufrido diversas vicisitudes que sería demasiado largo de enumerar aquí por lo que podríamos ir directamente al año 1983 en que mi querido y respetado Daniel Fontaine, accede a la dirección (1983-2005) del Gran Priorato de las Galias, en sustitución del conocido escritor Jean Tourniac.

Otro hito importante para el asunto que nos ocupa se produce el 13 de junio del año 2000, cuando la Gran Logia Nacional Francesa decide romper unilateralmente la Convención firmada en 1958 con el Gran Priorato de las Galias. Con esta ruptura unilateral e injustificada, el G.P.D.G. se encuentra libre de toda atadura u opresión que le impidiera practicar el R.E.R. en plenitud, y se dedica a ahondar en el depósito recibido. 

La figura de Jean-Baptiste Willermoz y su legado, junto a la de Louis-Claude de Saint-Martin —e inevitablemente con ellos Martinès de Pasqually—, empiezan a resurgir con fuerza y a partir del año 2005, el nuevo Gran Maestro, impulsa el Martinismo, promoviendo la Sociedad de los Independientes.

Es en esta profundización del legado de Willermoz que aflora la influencia de Martinès de Pasqually, su particular concepción de la Creación y el Universo, la lectura de su «Tratado», dando pie a que un cierto número de masones Rectificados con la doble condición de Martinistas, resaltaran un supuesto pensamiento de Jean-Baptiste Willermoz —pensamiento que por otra parte no aparece en ningún texto ni documento aprobado por nuestros dos Conventos fundacionales— y  que diferiría de la doctrina oficial comúnmente aceptada y aprobada por las distintas confesiones cristianas de la Iglesia, poniendo a los Masones Rectificados ante la tesitura de tener que escoger entre ser fieles a la Iglesia de Cristo o al supuesto pensamiento de Willermoz.

Quisiera recalcar de pasada, que todo Masón Rectificado, antes que masón es cristiano, pues esa es la condición que se le exige para poder pertenecer a la Masonería Rectificada, y es a la defensa de la Santa Religión cristiana a lo que se compromete —y acepta comprometerse libre y voluntariamente— cuando su entrada en la Orden.

La actitud de esos masones que no habían entendido su compromiso cuando su entrada en la Orden Rectificada, situaba con sus afirmaciones —basadas entre otras cosas, en que la resurrección al final de los tiempos, no se producirá con la resurrección de la carne (como por otra parte afirma el Credo cristiano) sino que se hará en cuerpo glorioso, contradiciendo la doctrina de la Iglesia— a la Orden de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa en un callejón sin salida, poniendo en entredicho lo proclamado, decidido y aprobado en el Artículo II del Receso del Convento de Wilhelmsbad, consistente en: «…el apego más sincero a los dogmas, deberes & prácticas de nuestra santa religión cristiana…».

Inaudito pero cierto.

No quiero decir con esto que los disidentes, inventaran sus afirmaciones y no las apoyaran en documentos y textos, pero esos documentos siempre han sido periféricos al R.E.R. y han consistido en cartas particulares de Willermoz enviadas a sus íntimos allegados y confidentes, en las que expresaba sus inquietudes y preocupaciones sobre lo que fue la obra de su vida —bien es cierto— pero que nunca han formado parte del cuerpo de rituales y textos constituyentes aprobados por nuestros dos Conventos fundacionales.

Entre esa documentación exhibida por los disidentes, están las Instrucciones a Profesos y Grandes Profesos de la tercera Clase, la cual no es preciso recordar de nuevo que nunca fue aprobada.

El Espíritu sopla donde quiere, y probablemente en Wilhelmsbad y a pesar de la heterogeneidad de la
composición de los Diputados al Convento, se valió de razones que nada tienen que ver con el caso que nos ocupa, para que esa tercera Clase quedara por aprobar. Como más arriba decíamos, sería necesario reunir otro Convento para ampliar, derogar o añadir lo que se decidió en Wilhelmsbad.

Lo que resulta fuera de toda lógica, y además constituiría un engaño, es que la Orden Rectificada se presente profesando «el apego más sincero a los dogmas, deberes & prácticas de nuestra santa religión cristiana» con el mero fin de captar candidatos, para después decirles —a aquellos que sean llamados a la tercera Clase después de largos años— que en realidad el gran secreto de la Orden Rectificada consiste en profesar una doctrina contraria a la de aquella Iglesia —de la que por otra parte se le exigió como condición que formara parte cuando su entrada—, y que todo cuanto se la ha dicho hasta ese momento era un engaño. Si así fuera, seríamos unos estafadores y mereceríamos el desprecio de toda la sociedad.

Los Masones Rectificados, en tanto que cristianos —como condición previa a la de masones— tenemos un solo Maestro, y además está en el cielo y este no es otro que Jesucristo. Todos los demás maestros, se llamen Martinès de Pasqually, Jean-Baptiste Willermoz, Louis-Claude de Saint-Martin, Robert Amadou o como se llamen, no son más que «pequeños maestros» como bien decía el Gran Maestro del Gran Priorato de las Galias, en su alocución de la Saint-Michel-2013: 

«Willermoz, Saint-Martin y Martinès de Pasqually ante el único y verdadero Maestro, no son más que «pequeños maestros» 

a los que podemos enmendar, oponer, contrariar —ya que enriquecer no es traicionar, sin incurrir en los relámpagos de una doxa demasiado farisea, como para que el Espíritu Santo haya dejado de soplar sea en la crucifixión sea en el nacimiento al cielo de los «pequeños maestros». 

Ante la controversia, y mientras no haya un nuevo Convento que siente nuevas bases, aquellos que tienen la responsabilidad de dirigir la Orden Rectificada, han de levantar sus voces y poner las cosas en el lugar que les corresponde, porque al fin y al cabo, es lo que se espera de ellos: un referente, que reafirme a sus gentes ante el desasosiego y la incertidumbre que proporciona un cristianismo de perfil bajo que desgraciadamente es el que impera en nuestro mundo actual, falto de compromiso e ideas claras, que sucumbe fácilmente ante las afirmaciones de la palabra docta y académica, cuyo supuesto conocimiento, retórica y coherencia hace tambalear una fe cristiana poco sedimentada.

Llevamos años y mucha literatura, que lo único que ha hecho es sembrar la duda en el espíritu de esos cristianos de perfil bajo a los que me refería, que por desgracia son legión en nuestras actuales Obediencias, resaltado aspectos en tal o cual parte de un determinado documento, tendentes todos ellos a sembrar la confusión.

Tenemos una Orden de caballería, y nuestra Orden Rectificada es conocida también como la Orden de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa, y en lugar de resaltar sus valores caballerescos —que a fin de cuentas no son más que valores cristianos— y el bien hacer que su propio nombre indica, presentamos a nuestros Caballeros con una imagen que deja entender estar más próxima al teúrgo invocador de espíritus, que al «pobre caballero de Cristo» al que aluden nuestros rituales. 

Podemos —y debemos— comentar y producir anotaciones al conjunto de textos que engrosan el bagaje relacionado con el R.E.R., pero no hace falta que lo hagamos siempre para recordar, que cuando Willermoz dice tal o cual cosa, en realidad está queriendo decir otra. Más nos vale que destaquemos los aspectos que demuestran la perfecta concordancia de nuestros rituales y textos con la tradición cristiana de las distintas confesiones, que invirtamos esfuerzo y tiempo por destacar aspectos que van en su contra, y en definitiva en contra del progreso espiritual de todos los miembros de nuestra Orden Rectificada, objeto último de nuestra Institución.

Diferenciemos y separemos la Masonería Rectificada de todo aquello que no es masonería, y que solo quiere y necesita al R.E.R. para justificar y legitimar su propia existencia, aludiendo a un común origen –que no negamos, ni al que tampoco renunciamos- pero al que no nos podemos supeditar de ninguna de la maneras, asumiendo los errores doctrinales de un judeocristianismo superado por posteriores Concilios de la Iglesia, nosotros, pobres seres caídos, pero conscientes de nuestra anterior grandeza y origen, y conscientes también que ese camino de retorno solo podrá llevarse a cabo por la mediación salvadora y salvífica del gran Reparador (por utilizar el léxico que nos es propio a los Masones Rectificados), verdadero Dios y verdadero Hombre, encarnado en María, muerto y resucitado en la carne, como resucitaremos todos al final de los tiempos.

Ante tal estado de cosas no podemos continuar impasibles. La inacción es culpable para aquellos que tenemos capacidad de actuación para con el R.E.R. Hay que desenmascarar esas doctrinas que nos confunden y corrompen. Se ha dicho que Martinismo y R.E.R. es lo mismo, poniendo ejemplos como el del Martinismo Ruso. 

Lo que se quiere dar a entender es falso. Después de Wilhelmsbad, lo que se acordó en el Convento no prosperó ni en Francia ni en Alemania, pero sí en Rusia. En Francia, porque los tiempos después de 1782 y hasta el estallido de la Revolución andaban muy revueltos y la sociedad francesa no estaba para propuestas espirituales. 

En Alemania, porque no llegaron nunca a aceptar de buen grado la reforma propuesta por los franceses, y la mayoría de Logias volvieron a la Estricta Observancia hasta su desaparición. Sin embargo la situación fue distinta en Rusia, y Novikoff puso en práctica la Reforma y la continuó hasta 1792, fecha en que Catalina II prohibió su actividad a causa de las presiones venidas de Francia y el nuevo gobierno revolucionario. 

No obstante, el Régimen Escocés Rectificado se dio a conocer en Rusia como Martinismo a causa del entusiasmo de Novikoff por Louis-Claude de Saint-Martin, pero no podía tener nada que ver con el Martinismo actual porque dicha Orden fue creada por Gérard d’Encause (Papus) y Augustin Chaboseau en 1890, casi cien años más tarde de ser prohibido el R.E.R. en Rusia. Así pues, el Martinismo no tiene nada que ver con la Masonería Rectificada ni con el R.E.R. entre otras cosas porque no se trata de masonería.

Por añadidura, el Martinismo sin ser en sí mismo una iglesia, sí tiene una «iglesia» propia, la Iglesia Gnóstica Universal creada por Jules Doinel entre 1890 y 1892 (o variantes como la Ecclesia Gnostica Christianna), de la que son nombrados «obispos» todos sus dirigentes, pero esa «iglesia» no es en absoluto asimilable a ninguna Iglesia cristiana al profesar doctrinas contrarias a la misma, y quedar sus seguidores fuera del cristianismo.

La tolerancia no es aquí aplicable, cuando anda en juego lo que podríamos llamar en el siglo XXI el «ADN» del cristianismo, cuando hay en juego los dogmas de fe que son la base de la fe cristiana. 

Tampoco cabe la posibilidad de cubrir ese tipo de desviaciones bajo el manto del esoterismo, o de una supuesta iniciación, cuyo conocimiento dispensado, pondría a sus poseedores por encima de los simples creyentes que quedarían así como unos imbéciles ignorantes. 

Y les decía Jesús:

 «¿Acaso se trae una lámpara para meterla debajo de un cajón o debajo de la cama? ¿O para ponerla en el candelero? Si algo se esconde es para que se descubra, si algo se hace a ocultas es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.» (Mc 4, 21-23)

He oído hablar en distintas ocasiones de una doctrina propia de la Orden Rectificada. Además de esa doctrina, añadiré que hay también una manera de hacer, una manera de enseñar, una metodología iniciática que le es propia y que le debemos a Jean-Baptiste Willermoz cuyo genio y acierto al construirla, consiste más en sugerir (para el propio interesado reflexione y saque sus conclusiones) que en pontificar o establecer claramente criterios determinantes. En este sentido, podemos encontrar en nuestros rituales frases como:

«…sabemos que toda opinión sofocada o adoptada por mera complacencia, no es nunca sólida ni provechosa y su inestabilidad se manifestará tarde o temprano» [ritual MESA del G.P.D.H., pág. 98], o también:

«…son menos los secretos que hemos querido revelaros, que verdades hemos procurado grabar en vuestra alma» [ritual CBCS del G.P.D.H., pág. 89]; siempre llevando dulcemente, pero respetando siempre también el libre albedrió que Dios dio al hombre. Volviendo a la doctrina, lo que está absolutamente claro es que dicha doctrina no puede en modo alguno ser contraria a la doctrina que constituye la Fe de la Iglesia (entendiendo las distintas confesiones cristianas), porque si así fuera, los dirigentes de la Orden Rectificada serían unos estafadores y harían lo contrario que dicen nuestros rituales aprobados en nuestros Conventos fundacionales: 

«Si, la Orden [entendiendo con ello la Orden de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa] es cristiana; debe serlo y no puede admitir en su seno más que a cristianos». 

Doctrina Rectificada, sí, pero en absoluta consonancia con la doctrina de la Iglesia.

El Régimen Escocés Rectificado tiene sus peculiaridades, y si por una parte puede presumir de tener
bien documentados sus orígenes, hay que reconocer que tiene ciertas influencias en esos orígenes no
deseables o cuando menos cuestionables desde la óptica de la ortodoxia cristiana. Como toda obra humana tiene sus imperfecciones —¿cuál no?—, y si bien esas influencias de las que hablamos no aparecen claramente en nuestros rituales, instrucciones y textos doctrinales aprobados en nuestros dos Conventos fundacionales, están ahí en germen y siempre saldrá algún loco interesado en ponerlas de manifiesto, por mucho que tenga que ir a buscar esos indicios fuera de nuestro cuerpo doctrinal. Si no estamos siempre vigilantes, si no estamos siempre atentos en una vigilia perenne, el ladrón se colará entre el rebaño y sembrará el desconcierto.

Aquellos que tienen la responsabilidad de dirigir la Orden Rectificada han de hacer la guardia permanente, guardando este Grial que constituye la fe de la Iglesia, que quizá no procure curaciones espectaculares en este mundo, ni riquezas materiales, pero cuyos sacramentos procuran la Salvación.

Todo ha sido dicho por lo que respecta a la Masonería Rectificada, al Régimen Escocés Rectificado o bien la Orden de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa. Lo demás, será lo que sea pero no se trata de Masonería. No nos dejemos confundir. Sirvan estas breves líneas como humilde aportación a esa vigilia de la que hablaba y de la que todos aquellos que en un momento u otro hemos tenido responsabilidades en la Orden Rectificada, somos deudores. Seamos la luz que luce en las tinieblas, cual faro para navegantes por estas aguas procelosas.

Barcelona, 6 de junio del 2014

RAMÓN MARTÍ BLANCO
Gran Maestro y Gran Prior Emérito
GRAN PRIORATO DE HISPANIA


Advertencia al lector:
Las negrillas utilizadas fueron añadidas por el editor del blog, a fin de hacer énfasis en palabras claves propias de la Orden Rectificada, así como también de nuestra rica Tradición Cristiana.


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