http://textosparalaliturgia.blogspot.com/2014/09/misal-romano-jesucristo-rey-del-universo.html
Mis Queridísimos Hermanos en vuestros distintos grados y condición,
Creemos no revelar nada
extraordinario, por estar comúnmente establecido y aceptado, si afirmamos y
proclamamos que para ser candidato a la iniciación o afiliación al Rito Escocés
Rectificado se ha de ser cristiano. Este enunciado es conocido y sabido por
todos.
También está comúnmente establecido y aceptado que la Masonería o
Francmasonería no es una Religión. Tampoco lo es el Rito Escocés Rectificado ni
el sistema masónico y caballeresco que lo estructura y da soporte. En su
momento tratamos sobre ello1 en una comparativa
dedicada al posicionamiento de la masonería anglosajona respecto a la Religión
en relación a la noción e idea que de la misma se hace la Masonería
Rectificada.
Así pues, para ser miembro y practicar el Rito Escocés Rectificado, se
ha de ser cristiano y, ¿cómo entendemos esta afirmación?, pues que de manera
previa y antes que masón se ha de ser cristiano para ser considerado un
candidato aceptable para adquirir la condición de masón y no al revés.
La manera en cómo entendemos la noción y el hecho de ser cristiano será
el objeto del estudio y reflexión del presente trabajo, ya que, aún y
pareciendo una obviedad tal afirmación, a la práctica no parece serlo tanto.
Que la condición de cristiano es imprescindible nos lo dicen nuestros
propios rituales, al igual que los mismos se cercioran que así sea desde el
primer momento y a lo largo de la vida masónica como más adelante veremos. Una
vez fijada y aclarada la condición previa presente en el título, abordaremos en
una segunda fase, pero íntimamente ligada a la primera, el alcance y dimensión
de ser Masón Rectificado, en tanto que vía iniciática de realización espiritual
intrínsecamente vinculada a la tradición y religión cristiana, siendo el Rito
Escocés Rectificado y su metodología iniciática desarrollada a lo largo de sus
dos Clases que componen el Régimen Escocés Rectificado, la última vía
iniciática todavía viva en el mundo Occidental de tradición cristiana.
Sin embargo, quizá porque el cristianismo es tan inherente a la cultura
y mundo occidentales en que vivimos, se dan por entendidos y supuestos muchos
aspectos de esa noción de cristianismo que hace que nos digamos cristianos y lo
seamos más “culturalmente” que “cultualmente”, entendiendo por este
último término la práctica del culto cristiano en cualquiera de las confesiones
del cristianismo ecuménico. Vendría a suceder con esto a lo que nos estamos
refiriendo, como cuando se dice que el Rito Escocés Rectificado es un rito “crístico” como queriéndolo definir de
acuerdo a nuestro lenguaje actual, como un cristianismo de “perfil bajo”,
cuando ya dijimos en un anterior trabajo nuestro 2 que cristiano y crístico
quieren decir y expresan lo mismo.
Somos cristianos por medio del sacramento del Bautismo que nos inflige
una gracia divina y no porque rellenemos un formulario por el cual pasaríamos a
entrar o formar parte de una asociación de cualquier tipo, de igual modo que
entramos y pasamos a ser masones por medio de la Iniciación (volveremos sobre
la noción de iniciación y cómo entenderla más adelante) ya que si la Orden
Masónica no se considerase una Orden iniciática no tendría sentido alguno
desarrollar un ritual y una liturgia determinada para acceder a la misma, ya
que con firmar una simple solicitud sería suficiente. Si llevamos a cabo una
ceremonia ritual es para indicarnos que lo que se va a poner en movimiento y comenzar
es algo más que un simple proceso burocrático o administrativo.
Somos cristianos porque tenemos fe en Cristo, segunda Persona de la
Trinidad e Hijo de Dios y por ello nos hacemos bautizar, y si no directamente
nosotros que en pañales todavía no somos capaces de discernir, nuestro Padrino
en nombre nuestro, Bautismo que, católicos, anglicanos y ortodoxos renovamos ya
plenamente conscientes con el sacramento de la Confirmación (o Crismación en
los ortodoxos) y acabamos con el de la Comunión que la Iglesia considera los 3
sacramentos de la iniciación cristiana que culmina con la Eucaristía instituida
por el propio Cristo cuando la última Cena.
La Fe es un don de Dios. Dios se ofrece y nos busca permanentemente a
través de personas, experiencias y acontecimientos que nos interpelan y atraen
hacia el. La Fe no es el resultado de ninguna investigación ni estudio humano,
sino que brota siempre de una confianza cada vez más viva que Dios va
despertando al revelarse en nosotros. Es Dios quien se acerca al hombre y la mayoría
de veces recorre la mayor parte del camino.
La Fe madura es un acto personal; es la respuesta libre del hombre a la
iniciativa de Dios.
Pablo de Tarso nos lo recuerda en su epístola a los Efesios:
“Pues
habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros,
sino que es don de Dios”3
Dios quiere al hombre libre y jamás lo obliga; si fue por un ejercicio
de su libre voluntad que el hombre rompió su pacto con Dios y cayó en lo que se
conoce como Pecado original, haciendo caer con él a la Creación y a toda su
descendencia, hasta la muerte y Resurrección de Cristo, ha de ser también el
hombre que por un ejercicio de esa libertad y en justa correspondencia al Amor
de Dios, vaya hacia Él. En esto consiste el Cristianismo.
No obstante, la fe cristiana ha de alimentarse; se ha de cultivar. Hemos
de fortalecernos en la fe, pero ¿cómo? Y ¿por qué? Empezaremos respondiendo la
segunda pregunta para ir luego a la primera: por coherencia (cosa poco común en
los tiempos que vivimos). El apóstol Santiago nos lo recuerda: “…igual que el cuerpo sin espíritu
es muerto, así también la fe sin obras es muerta”4. Pero ¿cómo
fortalecer la fe?:
- Mediante la plegaria
- La búsqueda de consejo y dirección espiritual
- La Lectio divina: la lectura de la Biblia y los Evangelios
- La participación en la Eucaristía y el culto religioso:
“la fe viene de oír, y el oír viene por la palabra de Cristo”5
La plegaria nos es necesaria para fortalecer la fe. La Regla Masónica
del R.E.R. no dice otra cosa y nos recomienda y recuerda los beneficios de la
plegaria cuando nos dice: “Vela y reza”6,
la plegaria y la vigilia
-la vigilancia-, pues en el
camino que nos hemos propuesto y por el que transitamos los peligros nos
acechan y la posibilidad de equivocarnos está siempre latente.
Ciertamente, en masonería y tampoco en el Rito Escocés Rectificado por
muy rito cristiano que sea, el Venerable Maestro no nos exigirá un certificado
del párroco o del pastor conforme hemos acudido a la misa o al culto, pero por
simple coherencia, nos preguntamos ¿podemos decirnos cristianos viviendo de
espaldas a la Iglesia, a la práctica religiosa?
Ser cristiano exige dar testimonio de ello. Es lo que nos recuerda al
despedirnos el Venerable Maestro de la Logia al dar por terminada cada una de
nuestras Tenidas:
Id y “llevad
entre los otros hombres las virtudes de las cuales habéis jurado dar ejemplo”8
Porque somos cristianos y, masones practicantes del Rito Escocés
Rectificado, y además en el mismo orden en que hemos formulado la frase. Si no hubiésemos
sido cristianos primero, no hubiéramos podido ser masones Rectificados después.
La Orden Rectificada se asegura de ello incluso antes de ser presentados
en Logia,mediante las Tres Cuestiones de Orden que nos son planteadas cuando
todavía estamosen la Cámara de Reflexión. La primera Cuestión termina
preguntándonos: ¿Qué
pensáis de la religión cristiana?9 Es más, estas Tres Cuestiones, incluyendo la pregunta
sobre ¿qué pensamos sobre la religión cristiana?, nos serán presentadas a cada
grado, cuando nuestro paso por la Cámara de Reflexión, a lo largo de nuestra
carrera masónica en la Clase Simbólica.
Ya en el grado de Aprendiz del R.E.R. y formando parte del Compromiso
(generando gran revuelo y controversia en la concepción “universalista” de la masonería)
el hasta entonces candidato se juramenta como Masón y asegurando, y poniendo en
compromiso:
“…su
palabra de honor […] de ser fiel a la Santa Religión cristiana”10.
Más adelante, siguiendo nuestra Clase Simbólica, en el ritual de
recepción al grado de Compañero, el todavía Aprendiz masón es presentado a la
Logia como: “profesando
la religión cristiana”. Lo mismo sucede en la recepción al
grado de Maestro Masón que se repiten las mismas palabras y formulación. Por
otra parte, nuestra Regla Masónica, presente en el ritual de Aprendiz, en su
Artículo Primero dedicado a los Deberes para con Dios y la Religión, nos
aconseja: “Profesa
en todo lugar la divina religión de Cristo, y no te avergüences de pertenecer a
ella”11.
El mismo consejo se nos vuelve a recordar bajo forma de Resumen de la Regla, en
el ritual de Compañero: “bendice a la Providencia que te ha hecho nacer entre los cristianos”12 y en el ritual
de Maestro Masón: “bendice a la Providencia que te hizo nacer entre los cristianos”13
La exigencia de la condición de cristiano se hace patente en los
rituales de los grados de Aprendiz, Compañero y Maestro Masón y estalla en el
de Maestro Escocés de San Andrés culminando el recorrido por nuestra Clase
Simbólica y confirmando dicha exigencia de manera clara e indudable antes de
proseguir cualquier posible camino.
Llegados hasta aquí, creemos haber puesto de manifiesto la ineluctable
necesidad de ser cristiano como condición previa para poder acceder a ser Masón
Rectificado, así como que dicho cristianismo no sea simplemente “cultural” sino
que por razón de coherencia ese cristianismo precise una cierta implicación, no
quedándose en la “teoría” o las meras formalidades exteriores.
Quedando establecido que el cristianismo, en tanto que prefiguración a
lo largo de la Historia de la humanidad del modelo de Cristo, al que Adán
renunció sin ser consciente de ello cuando la Caída, y que Dios ha estado
recordando a lo largo de la Historia través de las diversas Alianzas (Abraham,
Moisés) teniendo como colofón la Nueva y Eterna Alianza sellada con la
encarnación de Cristo. Volvamos ahora a lo que habíamos dejado por desarrollar
en una segunda fase.
La Iniciación en otras
tradiciones no cristianas, y el Rito Escocés Rectificado en
tanto que vía de realización espiritual
Hemos dejado pendiente anteriormente, el abordar la noción de Iniciación
y particularmente cómo entender dicha noción dentro del marco y religión
cristiana.
Todos nosotros hemos oído decir que la Francmasonería es iniciática, en
esto converge y coincide tanto la masonería anglosajona considerada Regular
liderada por la Gran Logia Unida de Inglaterra, como la otra considerada
liberal siguiendo los pasos del Gran Oriente de Francia (aunque no la totalidad
de Obediencias).
Antes de proseguir, juzgamos oportuno entrar a definir y considerar lo
que entendemos por Iniciación. A bote pronto, se nos ocurre acudir al
diccionario que, estando en el siglo XXI y con el mayor de los respetos por las
ediciones impresas, sería la Wikipedia:
La iniciación
es un rito de paso que marca la entrada o la
aceptación en un grupo o sociedad. También puede ser una admisión formal a la
edad adulta en una comunidad o uno de sus componentes formales. En un sentido
más amplio, también puede significar una transformación en la que el iniciado
"renace" en un nuevo papel. Ejemplos de ceremonias de iniciación
podrían incluir el bautismo o la confirmación cristiana, el benei mitzbá judío,
la aceptación en una organización fraternal, una sociedad secreta u orden religiosa,
o la graduación de la escuela o el entrenamiento de reclutas. Una persona que realiza
la ceremonia de iniciación en ritos tradicionales, como los que se muestran en estas
imágenes, se llama un iniciado.14
Sin ser entusiastas suyos, no podemos hablar de iniciación obviando a uno de los autores del siglo XX que mejor trataron sobre el
asunto en cuestión: René Guenon 15. Una de las nociones establecidas por Guénon,
distinguiendo entre los diferentes tipos de iniciación, es que cualquier tipo
de iniciación para ser considerada como tradicional, necesariamente tenía que
estar entroncada en una Tradición, entendiendo que tradición y religión son sinónimos.
Para él, todas las tradiciones religiosas de la humanidad convergerían en una Tradición
Primordial en la que todas estarían enraizadas. Paradójicamente, el filósofo y esoterista
francés nacido en Blois, aunque educado en el catolicismo 16, nunca llegó a entender ni captar la dimensión ontológica y
salvífica para la Historia de la humanidad, que representa el hecho que Dios se
hiciera Hombre, así como la muerte y Resurrección de Cristo y todas sus
consecuencias escatológicas. Probablemente, esa misma falta de comprensión y
captación del cristianismo por parte de Guénon lo llevaría a considerar al mundo
occidental cristiano atacado por la modernidad, totalmente alejado e incapaz de
cualquier camino iniciático, y por vía de consecuencia, volvería su vista al
mundo Oriental que habría sido capaz de conservar aspectos tradicionales y por
ende la Iniciación. Para Guénon, Occidente en su modernización -y con él, el
cristianismo- se habría “exoterizado” o perdido su sentido profundo, siendo por
otra parte el esoterismo (como contrapunto al exoterismo) el único sentido de
la inicación. Contemplaba la masonería como posible vía iniciática (aunque ya
degradada al haberse mundanizado), pero en la medida que supiera aislarse del
exterior para ahondar en ese sentido profundo perdido por la modernidad
Occidental, habiendo que buscarlo en otras tradiciones (Orientales para mayores
señas) al haber perdido el cristianismo la menor idea, en búsqueda de su idea
de Tradición Primordial en la que todas las tradiciones convergerían.
A la idea de Tradición Primordial antes citada por Guénon se refería
también, pero de otro modo para indicar su antigüedad Joseph de Maîstre, cuando
decía en el siglo XVIII:
“La
verdadera religión tiene más de 18 siglos: Nació el día que nacieron los días.”17.
Autor que otros autores18 han utilizado para justificar su hipótesis de un “cristianismo trascendente”
que diferiría del cristianismo profesado por la Iglesia cristiana.
Nosotros, para expresar la misma idea que Guénon o que Joseph de
Maîstre, preferimos remitirnos a uno de los Doctores de la Iglesia: Agustín de
Hipona (354-430) cuando refiriéndose a la antigüedad de la religión cristiana y
la acción reparadora de la venida de Dios a los hombres en su Hijo Jesucristo
(Segunda Persona de la Trinidad) en respuesta al arrepentimiento de Adán y Eva,
proclama:
“La misma realidad, que se llama ahora religión cristiana, existía ya en
los antiguos y no ha faltado nunca desde el origen del género humano hasta que
vino el mismo Cristo en la carne, por quien la verdadera religión, que ya
existía, comenzó a llamarse cristiana”19
“Desde el origen Adán y Eva representaban a todo el género humano y no
solo a los Judíos; y todo lo que de prefigurado de Cristo había en Adán
pertenecía a todas las naciones, cuya Salvación está en Cristo”20.
Agustín de Hipona pone de manifiesto con sus palabras toda la dimensión
salvífica de este Acto divino e inconmensurable del Amor de Dios por la
humanidad, marcándole e indicándole un camino de retorno a la casa del Padre.
La noción de Iniciación es percibida por nuestro mundo actual, y no tan
solo actualmente, pues en realidad el deseo de “ser como Dios” arranca con la
misma Caída de Adán y Eva y jalona toda la Historia de la humanidad,
episódicamente con mayor o menor intensidad en que el hombre intenta “entender”
de una manera u otra con la inteligencia humana una inmensidad incomprensible
para una inteligencia manifiestamente limitada.
Igualmente, la noción de Iniciación es vista como un conocimiento
privilegiado del que participan unos pocos, quedando el resto de no
participantes a dicho conocimiento relegados a un saber vulgar o limitado. Como
consecuencia, los Iniciados serían conocedores del todo, mientras que los no
iniciados sólo lo serían en parte. Se deduce de todo ello una jerarquización
entre los conocedores de “todo el plan”, que de algún modo pasarían a una
categoría de dirigentes, quedando el resto supeditados a los anteriores en diversos
niveles de graduación.
Se impone, llegados a este punto y antes de continuar tratando sobre la
noción de Iniciación, distinguir y diferenciar sobre la naturaleza y efectos de
dicha Iniciación según actúe en el seno de una tradición no cristiana o lo haga
en el marco evangélico de la Nueva y Eterna Alianza.
En un contexto espiritual no cristiano, la Iniciación es
considerada como “un además” en relación a lo que recibe el resto de la
“multitud” de seres, pudiendo ser percibida realmente como una gracia
suplementaria. La Iniciación vienen a conferir, en el ámbito de las tradiciones
no cristianas, una especie de beneficio suplementario respecto a lo que es
transmitido a la masa de fieles. Los no beneficiados por los efectos del
Conocimiento iniciático, recibirían de acuerdo a este contexto, lo que bien
podría definirse como “el viático general”, que les permitiría cumplir de la
mejor manera posible su estado de peregrinación terrestre. Por poner un
ejemplo, y utilizando el prototipo del templo de Salomón, podrían llegar a ser
admitidos al Templo e incluso al Santo; mientras que a los iniciados les sería permitida la entrada en el Santo de los Santos, a lo
más interior del Templo.
Así mismo, este “plus” a que nos hemos referido más arriba, se percibe y
analiza -en un contexto espiritual no cristiano, insistimos en ello- como un
elemento de interioridad y desciframiento “suplementario”. En otras palabras,
se trataría de una gracia (de una “influencia espiritual” como diría Guénon)
que aproximaría al Centro al receptor, permitiéndole, obrándole en el pleno
sentido de la expresión, otras posibilidades, otros accesos o campos de
realización espiritual en esta vida o en lo que se ha convenido en denominar
como los estados póstumos del ser. Pudiendo diferir esencialmente, en estos contextos
espirituales no cristianos de los que estamos hablando, según esté uno iniciado
o no, y a condición que dicha iniciación se haya cumplido, o que uno se
beneficie “solamente” de la bendición general accesible para el resto de no
iniciados.
Sin embargo, en el contexto espiritual cristiano, y precisamente
porque se trata de la Nueva y Eterna Alianza en la que interviene la “plenitud
de los tiempos”, según la promesa de Dios, la revelación cristiana no conoce, o
más bien dicho no considera, esta distinción de algún modo jerárquica de
bendiciones, de la “periferia” al “centro”.
En la tradición y religión cristiana “todo es dado” en plenitud por los
sacramentos del bautismo, la confirmación y por la participación de la comunión
eucarística que los mismos sacramentos permiten y en relación a la cual están
ordenandos.
En el cristianismo, el hombre, por el santo bautismo es lavado
radicalmente y de manera definitiva del pecado original, o lo que viene a ser
lo mismo, de las consecuencias ontológicas del pecado de Adán. El hombre es
salvado de la Caída y la marca de Satán queda borrada sobre él, aunque
permanece, eso sí, y a pesar de todo, susceptible y sensible a las posibles
tentaciones del Maligno el cual continúa pudiéndolo herir a nivel individual mediante
sus potenciales corrupciones, si se deja seducir y subyugar por ellas; pero las
aguas del Bautismo marcan de manera imborrable al ser que las recibe y hacen de
él un nuevo ser, renovado totalmente en el Señor. Finalmente, el alimento
eucarístico lo hace entrar por “anticipación escatológica” en los misterios del
Reino de Dios y ser admitido, por la gracia adoptiva a la vida Trinitaria que
las Tres Personas tienen por naturaleza.
Como podemos apreciar, y es aquí la doctrina cristiana -y no nosotros-
con toda su autoridad divina la que afirma a través del Evangelio y del
Magisterio de la Iglesia, que no es posible dentro del cristianismo, en el
marco espiritual de la iniciación un supuesto aporte o una gracia suplementaria
“de más” en relación al resto, que no sea compartida por el conjunto de
bautizados. Es justamente en esto que el cristianismo y la iniciación dentro
del cristianismo difieren de otras tradiciones no cristianas.
Pero ello no quiere decir, no significa que la vía iniciática, el camino
iniciático, pierda su razón de ser en el contexto cristiano, ni tampoco su
“eficacidad” que le es propia, muy al contrario; y si bien no confiere ninguna
ventaja “de más”, ella transmite “algo mucho mejor”, algo definido también como
lo “mas cercano” a Cristo, recordando las palabras expresadas por el santo
Padre Juan Pablo II21. La
vía iniciática constituye, si se nos permite el ejemplo, una ampliación, una
intensificación de ciertas virtudes y gracias que el Espíritu Santo confiere,
en particular la virtud de la Fuerza y la de la Justicia, virtudes particularmente
vinculadas a la iniciación caballeresca. Por otra parte, podemos acudir a la
misma doctrina de la Iglesia en cuanto a la definición y a los efectos del
sacramento de la Ordenación, reservado para algunos, en relación a las gracias
y caracteres generales compartidos por todos los bautizados, llamados todos
-conviene no olvidarlo- al triple ministerio real, sacerdotal y profético. La Iniciación, en el marco de
la tradición cristiana, integra, culmina, recapitula y justifica todas las
iniciaciones anteriores, fundamentalmente todas ellas de origen divino y
coeternas al hombre desde su exilio “en este mundo”.
De esta manera la iniciación cristiana transfigura e ilumina todas las
iniciaciones anteriores, las cuales aparecen como prefiguraciones de ésta. En
lenguaje teológico, diríamos que estas iniciaciones quedan entonces
“justificadas”, es decir a la vez legitimadas en su naturaleza y objeto, y en lo
sucesivo comprendidas y “situadas” como “propedéuticas” antes que la Palabra no
se encarnara en la Historia de los hombres. Estas otras religiones e
iniciaciones contribuyeron, cada una a su manera, a realizar lo que Juan el
Bautista nos exhorta a efectuar en nuestros respectivos corazones: preparar y
enderezar el camino hacia el Señor22.
Esta “justificación le permite tomar finalmente su verdadera dimensión y
revelar su auténtica “eficacidad espiritual”.
La iniciación, en el marco cristiano, está marcada por el mismo sello.
Los elementos arquetípicos y preexistentes en la perspectiva que acabamos de
definir, quedan en lo sucesivo ordenados a la Palabra última y viviente de Dios
hecho hombre, Jesucristo, que da y deja al mundo su Alianza, su Alegría y su
Paz, para todos y cada uno de los Bautizados sin excepción. Ya que, si bien
todos los cristianos están “situados” por la gracia del Bautismo, en el centro;
en el “corazón de Dios”, el iniciado en particular, percibe sus latidos con
mayor consciencia, deseo e intensidad. Es de hecho el oficiante y el guardián,
de acuerdo a su vocación y a los dones que el Espíritu le haya otorgado. Es en
esto que consiste su misión en este mundo.
Así mismo, la iniciación en el marco de la religión cristiana, busca con
todo amor y con toda humildad (al contrario del “iniciado” fuera de este
contexto, pletórico de orgullo al creer estar en conocimiento de lo que los
demás no poseen) la revelación del corazón del Evangelio (la Ley del Masón)23, de la interioridad
cardíaca o cordial de la Alianza del ordero de Dios, Salvador del mundo.
Y ¿por qué -pues-, querer ir más allá, hacia Dios? ¿Por qué pues ir,
como decía el santo Padre: “lo más cerca de Cristo” La respuesta, podemos
hallarla en estas palabras de san Macario24
de Egipto: “si
alguien dice « soy rico, tengo todo lo que pueda
necesitar, no necesito nada más », este no es cristiano sino un vaso de iniquidad
diabólica. Ya que el placer que se tiene en Dios es tanto que uno no puede
saciarse. Cuanto más se gusta, cuanto más en comunión estas con Él, más hambre
tienes”. Ahora bien, esta hambre a que nos
referimos, ¿acaso no es la vocación primera, esencial, del hombre, de la
verdadera vida del ser…?
La vía mística y la vía
iniciática
Una precisión de importancia, en el marco de la religión cristiana, la
vía mística y la vía iniciática, en tanto que caminos de realización
espiritual, son dos modalidades que gozan de una misma naturaleza y pueden ser
perfectamente complementarios y en absoluto excluyentes, solo que utilizan
modalidades de trabajo diferentes dentro del mismo marco tradicional.
Como hemos dicho anteriormente, todo es dado en el seno de la revelación
cristiana que es una, sin distinción de naturaleza, sin separación de vías ni
sobre todo de personas, que no sea su propia medida en el amor de Dios y el
deseo de conocerle en lo más íntimo.
En efecto, la Palabra del Señor sólo se revela en plenitud, a imitación
de las parábolas que a menudo utiliza, que aquellos que tienen ojos y oídos
para “descifrarla”, según el grado de apertura de la puerta de su alma a Dios:
dicho de otro modo, de acuerdo a la amplitud de su deseo y de su entendimiento,
en el pleno sentido del término.
Volvamos a estos dos modos de interioridad.
El camino del místico -lo llamaremos modus mysticum- es ante todo un
impulso interior y personal, no el
aprendizaje previo (salvo, por supuesto, la catequesis de base, incluso la teología)
de un conocimiento metafísico bajo forma de enseñanzas y ritos o símbolos “actuando”.
Conduce, de acuerdo a un esquema universal pero en el marco de un tiempo
apropiado a cada uno, a una percepción de la presencia de Dios en lo más íntimo
de uno mismo, al despertar espiritual obrando el acceso a los diversos Cielos,
a los mundos de los ángeles y al “lugar” de Dios: lo que se designa por el
término general de contemplación25,
noción que se concibe demasiado a menudo como un estado pasivo mientras que por
el contrario, ella se apodera de todo el ser en un acto eminentemente activo
pero ciertamente según una modalidad distinta de la acción en este mundo.
En este aspecto, la etimología de la palabra contemplación se presenta
como significativa de su naturaleza y de sus efectos espirituales: en latín, contemplare no es otra que cum templum: estar con el templo, o más realmente, hacerse uno mismo templo del
Señor.
Contemplar, para un cristiano, es pues unirse al templo no hecho por
mano de hombre, Jesucristo, a fin que en definitiva, sea Cristo quien nos tome en él.
El recorrido iniciático -lo denominaremos modus initiaticum- por su parte, es en primer lugar el aprendizaje de conocimientos metafísicos profundos26 dispensados según una pedagogía y metodología27
que debe permitir su asimilación primero y su puesta en práctica después: la operatividad espiritual o realización iniciática que
alcanza entonces la realización espiritual del místico.
Podríamos decir que, en esta vía, el conocimiento recibido a través de
los ritos, los símbolos y las enseñanzas constituye la theoria (en el sentido moderno que la distingue de la praxis, como también en el sentido antiguo que significaba, justamente, contemplación)
que precede, construye y acompaña el despertar espiritual para el que está ordenado
y al que debe llevar. Y aquí una vez más, de acuerdo al tiempo propio de cada vía.
Lo que puede desencaminar incluso inquietar a aquellos que permanecen
ajenos a esta vía, sobre todo a la vista de los travestismos de ciertos
charlatanes que entienden el R.E.R. según les conviene, pero especialmente de
las siniestras desnaturalizaciones de verdaderos satanistas que han mancillado
su naturaleza y sentido, es precisamente esta pedagogía la que se traduce por
los ritos y símbolos, desarrollados de grado en grado.
La realización efectiva de la vía iniciática, a la luz y los efectos de
los sacramentos, conduce necesariamente, en este estado terrestre, a la
contemplación o vida en Dios28
y, en el estado glorioso en los Cielos,
a la vida eterna proporcional al grado de santidad (en términos teológicos)
realizada sobre la tierra para culminar en lo que la Iglesia define como la
adopción en la Vida Trinitaria, realizada por y en Jesucristo, Segunda Persona de
la Santísima Trinidad.
Volvamos ahora a nuestro propósito inicial para resumirlo de manera
esquemática, luego en consecuencia evidentemente simplificada:
- El místico es movido en primer lugar por un impulso del amor de Dios
que es, en él, la primera forma, la primera expresión del deseo de conocimiento
de Dios.
- El iniciado es movido en primer lugar por el deseo de conocimiento de
Dios que es, en él, la primera forma, la primera expresión del amor de Dios.
Con toda seguridad, esta formulación lapidaria es demasiado abrupta,
aunque realmente significativa, para definir la naturaleza plenaria del impulso
espiritual que caracteriza a aquellos que se comprometen en estos caminos de
interioridad y de reencuentro con el Eterno, ya que el amor de Dios supone y
entraña que se tenga también el deseo de conocerlo más intensamente, al igual
que el deseo de conocimiento de Dios presupone y entraña el amor sincero y
atrayente que le ofrecemos a Dios.
En este compromiso de toda una vida, del don total de uno mismo, el amor
y el conocimiento son hermanos gemelos monocigóticos. Como sucede en el
nacimiento físico, uno precede al otro, según el propio tiempo para cada uno,
pero ambos son nacidos del mismo huevo espiritual, se siguen y se unen en su
venida al día: la luz del Señor.
Conclusión
Para terminar, creemos haber dejado claramente establecida la absoluta
necesidad de ser cristiano, así como qué entendemos por el término cristiano [y
lo más importante, cómo vivirlo], como condición indispensable para ser Masón
rectificado, al igual que el Rito Escocés Rectificado constituye una auténtica
vía iniciática -siempre y cuando la contemplemos y sigamos a la luz del
Evangelio- puesta a nuestra disposición.
La podemos tomar y utilizar como poderosa herramienta de crecimiento
espiritual. También podemos infrautilizarla, sin sacar y obtener todo el
provecho que puede ofrecernos.
Poniendo un ejemplo bien prosaico: un coche fórmula uno puede ser
utilizado para ir a buscar el pan, aunque esté concebido como un bólido de
carreras. Dependerá de cada uno -del deseo de cada uno para ser más precisos-,
pero bueno es saber lo que tenemos entre las manos.
Espero, Hermanos que estas reflexiones os hayan sido de utilidad.
Barcelona, el 4 de
mayo de 2021
Raimundus
In
Ordine, eques a Voluntatis Fortitudine
Notas:
1 En la plancha o trabajo “MASONERÍA Y RELIGIÓN”
del 20 de mayo del 2020, publicada en el blog el 09 de mayo del 2021.
2 En la plancha o trabajo “CRISTIANO Y CRÍSTICO”
del 13 de mayo del 2020,. publicada en el blog el 20 de mayo del 2020.
3 Efesios II, 8-9.
4 Santiago II, 26
5 Romanos X, 17
6 Ritual Aprendiz del R.E.R. Regla Masónica,
Artículo VII, Punto IV, pág. 130.
7 En la plancha o trabajo “Los peligros del Camino”
del 23 de Noviembre de 2019, publicada en el blog el 01 de diciembre del 2019.
8 Ritual Aprendiz del R.E.R., pág. 105.
9 Ibid. págs. 20 y 137.
10 Ibid. pág. 81.
11 Ibid. Regla Masónica, Artículo Primero, II, pág.
126.
12 Ritual Compañero del R.E.R. Resumen de la Regla
Masónica, pág. 51.
13 Ritual Maestro Masón del R.E.R. Resumen de la
Regla Masónica, pág. 93.
14 https://es.wikipedia.org/wiki/Iniciación
15 René Guénon “Apreciaciones sobre la Iniciación” CS Ediciones 1993, Argentina.
16 Tenemos aquí un claro ejemplo de lo que
definimos como cristianismo “cultural”.
17 Joseph de Maîstre, en “LA FRANCMASONERÍA.
Memoria inédita al Duque de Brunswick 1782”
Ediciones Masonica.es, Serie Azul, Oviedo 2013,
pág. 87.
18 Como Jean-Marc Vivenza o Jean-François Var, que
sostienen que el R.E.R. tiene una doctrina propia a la que forzosamente habría
que atenerse en defecto de cualquier otra.
19 San Agustín I Retractaciones.
20 San Agustín P.L.
21 En Exhortación Apostólica VITA CONSECRATA, 25 de
Marzo de 1996.
22 Juan I, 23.
23 Ritual Aprendiz el R.E.R. “el Evangelio es
la Ley del Masón, que debe meditar y seguir sin cesar”, pág. 111.
24 Macario de Egipto, el Viejo o el Grande (ca. 300
- 390) fue un ermitaño egipcio, que es considerado uno de los Padres del
Desierto, y es venerado como santo por las Iglesias copta, católica y ortodoxa.
25 Estamos pensando en notables ejemplos de la
mística hispana como San Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, pero también en
otros como Hildegarda de Bingen.
26 Estos se refieren esencialmente al Libro del
Génesis: la creación así como sobre la constitución del hombre, su caída y las
gracias ofrecidas por Dios para su Salvación o restauración al que era su
estado glorioso.
27 Estaríamos hablando aquí del conjunto de textos (rituales de los
distintos grados, Instrucciones, etc) que componen el Rito Escocés Rectificado,
así como todo el simbolismo presente en los mismos a descifrar, estudiar y reflexionar
por parte de cada uno de los interesados.
28 De ahí la importancia y práctica de un cristianismo que no se limite
a lo meramente “cultural” sino efectivo, como indicábamos en las primeras
páginas, sin el cual la vía de realización espiritual que el Rito Escocés
Rectificado propone no tiene ningún sentido.
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